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nov

‘Esplendor en la hierba’ (1961)

Esplendor en la hierba

“Aunque mis ojos ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba; aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no hay que afligirse, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.”

Tan romántica como los versos de William Wordsworth es Esplendor en la hierba, una de las mejores películas -puede que la mejor- de Elia Kazan. Es la historia de un amor entre adolescentes que crecen bajo la estricta vigilancia de sus padres y no entienden por qué deben seguir una línea determinada cuando sus corazones les piden lo contrario. Esa confusión les atormenta hasta la locura y les hace estar en boca de la hipócrita sociedad de Kansas inmediatamente anterior al crack del 29. Es una película tan pasional como una obra de Shakespeare; no en vano llena la firma de William Inge, ganador del Pulitzer por Picnic y que, a la postre, también se llevaría el Oscar al mejor guión original.

Por un lado tenemos a los Loomis, una familia humilde compuesta por un padre apocado, una madre represiva y una sola hija, Deanie (Natalie Wood), que parece conforme con la austera educación que le han inculcado. Y por otro lado están los Stamper, nuevos ricos gracias a las acciones del petróleo, con un padre obsesionado por el éxito que ahoga las pretensiones de su mujer y de su hijo Bud (Warren Beatty), pero que no puede meter en cintura a su otra hija, Ginny, lo cual le carcome por dentro.

Deanie y Bud salen desde hace algún tiempo. Son una de las parejas más populares del instituto, sobre todo porque él es el capitán del equipo de fútbol americano. Están en el punto de mira y, además, empiezan a tener problemas por el sexo. Bud siente la necesidad de aliviarse con ella, alentado por su padre, que cree que así reafirmará su masculinidad y ahuyentará su imagen de chico introvertido. No es que Deanie no quiera corresponderle, pero se rige por las estrictas reglas de su madre, que divide el mundo en buenas y malas chicas: las que esperan hasta el matrimonio (y sólo con el objetivo de procrear) y las que no. Y Deanie no quiere defraudarla, ni mucho menos que los vecinos cuchicheen a sus espaldas.


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sep

Centenario de Elia Kazan

Elia Kazan

Este lunes 7 de septiembre se cumplen 100 años del nacimiento de Elia Kazan. No importa el tiempo que pase, las películas que nos regalara o los premios que recibiera; su nombre estará unido para siempre a la caza de brujas de los años cincuenta. Kazan delató a compañeros de trabajo sospechosos de colaborar con el comunismo, lo que ayudó a destruir sus carreras o, en el mejor de los casos, a tener que reemprenderlas fuera de Estados Unidos. Por el contrario, él salió indemne y tuvo la suerte de dirigir magníficas películas.

Como ya dijimos hace unos meses, al hablar del Oscar honorífico que se le concedió en 1999, y como bien apostilló Gregory Peck poco antes de esa ceremonia, los cinéfilos estamos obligados a diferenciar al Kazan director del Kazan humano. El primero fue un artista tras la cámara, un especialista en adaptar clásicos de la literatura y en manejar a los actores del método como Dean, Clift o Brando. El segundo fue una persona ruín y cobarde, que nunca se arrepintió de sus hechos, escudándose en su amor hacia la patria que le había dado la vida.

Porque Elia Kazan nació lejos de América, en Estambul, cuando la ciudad turca todavía se llamaba Constantinopla. Su familia pertenecía a la minoría griega y ortodoxa. El padre era comerciante de alfombras. Cuando Elia sólo tenía dos años, emigraron a Berlín para ganar más dinero, pero las cosas siguieron igual. Así que acabaron por marcharse a Nueva York, donde se instalaron, con mayor éxito, en 1913.


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25
may

Elia Kazan, ¿aplauso merecido?

Aprovechando que este domingo se han entregado los premios del 62º Festival de Cannes, vamos a hablar de un controvertido director que rozó en varias ocasiones la Palma de Oro: Elia Kazan (lo más que consiguió fue el premio al mejor film dramático de 1955 por Al este del edén). Controvertido no porque sus películas tuvieran la provocación gratuita de algunos directores actuales, sino porque en 1952 éste hombre delató a varios colegas sospechosos de comunismo ante el Comité de Actividades Antimericanas. Y claro, cuando en 1999 se le otorgó un Oscar honorífico, se armó la de Dios.

Fuera del teatro Kodak, Kazan tuvo que soportar insultos y gritos contra su persona. Pero dentro, recibió la cálida ovación de los presentes, entre ellos los veteranos Karl Malden y Warren Beatty. Hubo quien se abstuvo de aplaudir, pero pese a lo importante de sus nombres (Ed Harris, Jim Carrey, Nick Nolte), fueron minoría. Quizá envalentonado por los aplausos, detecto algo de cinismo en sus palabras cuando agradece “el valor y la generosidad” de la Academia de Hollywood. ¿Qué habríais hecho vosotros? No hay duda de que Kazan hizo una gran contribución al séptimo arte, pero ¿qué hay de los directores a los que mandó al limbo para siempre, al incluirlos en la lista negra?

PD: Menudo peinado llevaba Robert de Niro.

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abr

‘Al este del edén’ (1955)

James Dean

Tenía pendiente ver Al este del edén, la película dirigida por Elia Kazan que supuso la irrupción de James Dean en el cine a raíz de su estreno, el 10 de abril de 1955. Pero antes de lanzarme a por el DVD, quería leer la novela original de John Steinbeck. Y desde las primeras páginas comprobé que aquella historia era demasiado grande para ser llevada con éxito a la gran pantalla. Era imposible abarcarlo todo y por eso me ha parecido buena la solución de Kazan y sus guionistas (de hecho, le pareció buena al propio Steinbeck, así que no tengo derecho a quejarme).

La novela arranca en el valle de Salinas, California, y además de ser una preciosa descripción del lugar, también es una rigurosa narración sobre el proceso de expansión de los americanos hacia el inhóspito territorio del Oeste, con la ironía y autocrítica que Steinbeck ya plasmó en Las uvas de la ira. A finales del siglo XVIII, dos familias conviven en un paraíso rodeado de soledad: los Hamilton y los Trask. Tras varios episodios violentos, cómicos y dramáticos, y algunas reflexiones filosóficas sobre el sentido de la vida y el papel de las religiones, la acción se traslada a la capital.

Es aquí, en la ciudad de Salinas, donde se sitúa la película de Kazan. Por tanto, es lógico que uno se decepcione al ver que han mutilado la primera mitad del libro. Pero, pensandolo fríamente, habría sido un proyecto demasiado arriesgado y desde luego inabordable en una sola película. Así que la solución del director turco me parece acertada: centrarse en la etapa urbanita de los Trask y dar pequeñas pinceladas del pasado que los lectores comprenderán mejor que nadie, pero que cualquier otro espectador podrá seguir sin problema. Al fin y al cabo, una adaptación es eso, una adaptación; las copias literales suelen salir malparadas.


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