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Los que se fueron en 2010
Como marca la tradición, el último post del año en Plumas de Caballo está reservado al recuerdo de las estrellas del cine clásico que nos dejaron -muy a nuestro pesar- durante los últimos 365 días. Cada vez quedan menos actores, actrices y directores de la época dorada de los grandes estudios hollywoodienses, pero todavía resiste gente como Kirk Douglas, Ernest Borgnine, Joan Fontaine, Olivia de Havilland, Eleanor Parker o Lauren Bacall. Larga vida a todos ellos y también a los que nos dijeron adiós en 2010; repasamos la lista a continuación al tiempo que os deseamos un 2011 lleno de paz, amor, salud, dinero y mucho cine al que hincar el diente. Sed felices y gracias por vuestras lecturas, críticas y comentarios, sin los cuales éste blog no tendría sentido.
Eric Rohmer (07/01/2010) – 89 años
El primero en irse fue uno de los grandes directores de la Nouvelle Vague y del cine de autor europeo, aunque a un servidor le siguen sin convencer películas como ‘La rodilla de Claire’ o ‘Pauline en la playa’. La Academia de Hollywood le nominó al Oscar al Mejor Guión Original por ‘Mi noche con Maud’. Gran admirador de Hitchcock, falleció en París en silencio y con solemnidad.
Jean Simmons (23/01/2010) – 80 años
Ya fuera la Ofelia de ‘Hamlet’, la Varinia de ‘Espartaco’, la monja de ‘Narciso negro’, la ranchera de ‘Horizontes de grandeza’ o la arpía de ‘Cara de ángel’, Jean Simmons demostró siempre que era una actriz como la copa de un pino, aunque no ganara ninguno de los dos Oscars a los que estuvo nominada. Un cáncer de pulmón se la llevó al Olimpo del cine una semana antes de cumplir los 81.
Kathryn Grayson (17/02/2010) – 88 años
Iba para cantante de ópera, pero la Metro-Goldwyn-Mayer cortó su progresión y la convirtió en actriz para algunos de sus musicales, como ‘Levando anclas’. En los cincuenta rodó ‘Magnolia’, pero fue eclipsada por Ava Gardner y su carrera empezó la cuesta abajo. Vivió sus últimos 30 años en el más estricto anonimato, salvo alguna aparición esporádica en televisión, y se dedicó a dar clases particulares de canto hasta que llegó el día de su muerte.
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Estrenos en DVD: Septiembre 2010 (III)
Con este post ponemos el punto final al repaso de los DVD de cine clásico que se estrenan este mes de septiembre de 2010. La verdad es que así da gusto: ojalá siempre tengamos que repartir los estrenos en varios posts, que haya tanta oferta que tengamos que hacer una selección más o menos ideal. En fin, que no me enrollo más. Los últimos títulos que hemos querido destacar son los que vienen a continuación:
‘Tres habitaciones en Manhattan’ (Marcel Carné, 1965). Drama francés en el que un actor venido a menos, François Comte (Maurice Ronet), es abandonado por su mujer. Sumido en una profunda desesperación, François ve la luz al cruzarse con Kay Larsi (Annie Girardot), una ex condesa con la que inicia una relación sentimental. Esta película tiene una curiosidad deliciosa; y es que se trata de la primera vez que Robert De Niro apareció frente a la cámara, en un pequeño papel no acreditado como cliente de un restaurante. Vamos, que hay que darle al Stop para verle, pero ahí está el hombre. Por otra parte, la interpretación de Kay Larsi le valió la Copa Volpi a la Mejor Actriz del Festival de Venecia. Edita: Avalon. Precio: 9,99 euros. Extras: Otros títulos, ficha técnica y ficha artística.
‘Gertrud’ (Carl Theodor Dreyer, 1964). Reedición de este clásico de Dreyer que, pese a durar casi dos horas, se desarrolla en su noventa y cinco por ciento en escenarios interiores y con muy pocos cambios de plano. Gertrud Kanning (Nina Pens Rode), una cantante que ha perdido la popularidad que tenía años atrás, abandona a su marido y se fuga con un compositor llamado Gabriel Lidman (Ebbe Rode). Pero cuando éste la traiciona, Gertrud se aboca a sí misma a la soledad, desde donde comprenderá que el amor es una ilusión y una eterna fuente de tristeza. En definitiva, una película complicada, filosófica y peculiar que ganó el premio FIPRESCI del Festival de Venecia. Edita: Vértice Cine. Precio: 12,95 euros. No se especifica si tiene extras, pero sí que va presentada en una funda especial.
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‘La rodilla de Claire’ (1970)
Hace ya un par de semanas que falleció Eric Rohmer, el críptico cineasta francés impulsor de la Nouvelle Vague. Dijimos entonces que, para homenajearle, recuperaríamos alguna de sus películas más conocidas en forma de post. Finalmente, me he decantado por ‘La rodilla de Claire’, que se encuadra dentro de sus ‘Cuentos morales’. La vi hace tiempo y me hizo dormir como un tronco, pero como soy partidario de dar segundas oportunidades a aquellas obras que los expertos consideran maestras, hice un segundo intento tras la muerte de Rohmer. La única diferencia positiva es que esta vez aguanté despierto hasta el final.
No me gusta atacar una película por su lentitud. Considero que el ritmo puede ser igual de bueno tanto si es trepidante como si va a paso de tortuga. Pero si el ritmo es lento, pausado y reflexivo, detrás tiene que haber algo que enganche, que invite al espectador a mecerse en la historia que van tejiendo los protagonistas. En el caso de ‘La rodilla de Claire’, mi único interés era saber cuánto quedaba para terminar el suplicio. Intentaré explicarme un poco mejor en las próximas líneas.
La acción tiene lugar en Annecy, un pequeño pueblo situado en el corazón de los Alpes franceses, a principios del mes de julio. Allí se encuentran por casualidad dos viejos amigos que compartieron muchas cosas en el pasado: el bohemio Jérôme (Jean-Claude Brialy), que se acerca a los 40 y está a punto de casarse; y la novelista italiana Aurora (Aurora Comu), que pasa unos días en la casa del lago, propiedad de la señora Walter (Michèle Montel). Jérôme decide que la mejor manera de apurar sus últimos días de soltero es hospedarse también en la casa, recuperando la íntima confianza que le proporcionaba Aurora. Sin embargo, ella parece más interesada en utilizarle como fuente de inspiración para su nueva novela, y le reta a resistir el atractivo de Laura y Claire (Béatrice Romand y Laurence de Monaghan), las hijas adolescentes de la señora Walter.
Bajo mi punto de vista, lo más conseguido de la película es la manera en que Rohmer dibuja la historia. Hablo de forma literal ya que, gracias a la fotografía de Néstor Almendros, el director crea un cuadro que podría pasar por impresionista, en el que las figuras cobran vida y se integran en el majestuoso paisaje alpino; fijaos en el detalle de que las mujeres suelen llevar vestidos de colores llamativos o estampados de flores. Es como si nos pusiéramos delante de una obra de Monet y ésta empezara a moverse, contándonos su propia historia.
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El director francés Eric Rohmer fallece a los 89 años
Acabo de enterarme leyendo ‘The Guardian’, pero parece que la noticia ya lleva unas horas circulando por la red. El director francés Eric Rohmer ha fallecido este lunes en París a los 89 años de edad, según ha hecho público su estudio de producción, Les Films du Losange, si bien todavía no ha trascendido la causa inmediata de la muerte. Su nombre real era Jean-Marie Maurice Scherer, fue uno de los impulsores de la Nouvelle Vague y se le consideraba uno de los grandes maestros del cine de autor europeo.
Rohmer nació en Nancy el 4 de abril de 1920 y fue un estudioso de la lengua y la cultura de Alemania antes de involucrarse completamente en el séptimo arte. A mediados de los años cincuenta trabajó como crítico en ‘Cahiers du cinéma’, junto a los conocidos Jean-Luc Godard, Alain Resnais, François Truffaut o Claude Chabrol, con quien escribió un curioso libro reivindicando la figura de Alfred Hitchcock; dicho libro analizaba las primeras cuarenta y cuatro películas del director inglés, dotándolas de una trascendencia que quizá pasaba desapercibida para el propio ‘Hitch’.
Fue también en esa década cuando Rohmer dirigió sus primeros films, como ‘El sello del león’ (1959). Consiguió una nominación al Oscar al Mejor Guión Original por ‘Mi noche con Maud’ (1969), su obra más notable junto con ‘La coleccionista’ (1967), ‘La rodilla de Claire’ (1970) o ‘Pauline en la playa’ (1983). Además, fue reconocido en el festival de Cannes y, sobre todo, en el de Berlín. A ver si en los próximos días podemos recordar en Plumas de Caballo alguna de estas películas, aunque ya os avanzo que lo poquito que he visto de él, no me ha gustado mucho. En cualquier caso, ahí queda su aportación a la historia del cine. Descanse en paz.
Vía | The Guardian
















