May
George Sanders: morir en Castelldefels
“Querido mundo: Por si a alguien le interesa saberlo, ya he vivido bastante. Seguir viviendo sería un asco. Te dejo con tus conflictos, tu basura y tus cloacas sin fin. Con los mejores deseos. Sinceramente tuyo, George Sanders.”
El 25 de abril de 1972, George Sanders tenía que coger un avión desde Barcelona con destino París. Desde hacía tres días se hospedaba en el hotel Rey Don Jaime de Castelldefels, adonde había llegado procedente de Palma de Mallorca. Los tres días había desayunado tarde y se le había visto deambular borracho por los pasillos o los aledaños del hotel. Casi nadie había sido capaz de arrancarle una sola palabra. Se decía que el gigante Sanders (medía 1,92 metros), de 65 años, ganador del Oscar al mejor actor de reparto por Eva al desnudo (1950), buscaba un apartamento en la costa catalana; pero al mismo tiempo mostraba poco amor hacia todo aquello que lo rodeaba.
A las dos y media de la tarde de aquel fatídico martes, un empleado del hotel llamó a la habitación número 3 para avisar al señor Sanders de que, o se daba prisa, o perdería su vuelo a París. Al no haber respuesta, y dado el extraño comportamiento del actor durante su estancia, se optó por forzar la puerta. La estampa era propia de una película, y por la perfección del cuadro casi resultaba hermosa: George Sanders yacía desnudo sobre una alfombra, de lado, con una mano apoyada en el lateral de la cama. Sobre la mesita, una botella de whisky casi vacía y dos notas, una en inglés (la que encabeza el post) y otra en castellano: “Avisar a mi hermana. Hay suficiente dinero para pagar todo esto.”
Feb
‘Eva al desnudo’ (1950)
Hace 100 años y un día, la ciudad de Wilkes-Barre, del estado de Pennsylvania, tuvo el honor de acoger el nacimiento de Joseph L. Mankiewicz. Nadie sospechaba que aquel bebé se iba a convertir en el único director capaz de ganar cuatro Oscars en dos años consecutivos. Hijo de un alemán exiliado, iba para médico, pero el cine expresionista que impregnaba Berlín en los años veinte le hizo cambiar de opinión. Y terminó regalándonos varias películas antológicas, casi todas para gloria de la 20th Century Fox.
Eva al desnudo es una de esas obras maestras que adornan el excelso currículum de Mankiewicz. Confieso haber creído que la Eva del título hacía referencia a Bette Davis, al ser la imagen principal de los carteles. Eso fue antes de conocer a la pérfida Anne Baxter, tan malvada, retorcida y despreciable como la Davis. O peor, porque al menos la Davis va de frente mientras Eva se quita poco a poco su disfraz de mosquita muerta.
Se pueden hacer muchas lecturas sobre la historia que nos cuenta Mankiewicz en Eva al desnudo. En primer lugar, el proceso que sigue una desconocida hasta convertirse en una trepa de tomo y lomo, algo que desgraciadamente se da en todas las profesiones. Por otro lado, el paranoico despotismo de las estrellas que viven con el miedo de perder a su público, caso de Margo ‘Davis’ Channing. Y por último, una sutil crítica contra esos apasionados del teatro que miran a la fábrica del cine por encima del hombro, como si en las tablas no hubiera rencillas, traiciones, egos y dinero en juego.




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