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Gene Tierney sobre el papel
Me vais a perdonar los que suspiráis todo el año para que lleguen los calores estivales pero, después del chaparrón que ha caído esta tarde en Barcelona, la ciudad huele mejor y la noche es bastante más fresquita. Espero que sea el preludio del otoño, al que le queda menos de un mes para llegar.
El fresquito agiliza mis neuronas y me da energías para ponerme delante del ordenador a las tantas de la noche. Pero como andamos escasos de noticias sobre cine clásico, he decidido recordar la figura de una actriz etérea, de las que pocas veces se mencionan en los listados pero de la que hay abundante bibliografía. Y qué mejor que un libro para recrearse en el descenso de las temperaturas en esta noche de verano.
Ella se llamaba Gene Tierney, tenía raíces irlandesas y nació en el seno de una familia pudiente de Nueva York el 19 de noviembre de 1920. Era guapísima, eso salta a la vista. No fue una gran actriz, no tenía un registro demasiado amplio ni llegaba a la suela de los zapatos de Katharine Hepburn o Bette Davis, pero supo estar a la altura de peliculones como ‘Laura’ (1944), ‘Que el cielo la juzgue’ (1945) o ‘El fantasma y la señora Muir’ (1947).
Sobre Gene Tierney existen varios libros, ninguno de ellos editados en España. Yo conseguí hacerme con ellos poco a poco, esperando pacientemente a que cruzaran el charco tras ser enviados desde vaya usted a saber qué librería de viejo de Minnesota. El más importante e imprescindible es, sin duda, su autobiografía: ‘Self-portrait’ (1979). El libro arranca con un episodio tremendo, en el que Tierney narra su intento de suicidio, cuando se subió a la cornisa de un rascacielos; después alterna su relato de lucha contra la demencia y sus aventuras en Hollywood, tanto delante como detrás de las cámaras.
may
Fumar sí es sexy: cinco actrices clásicas lo confirman
Hoy se celebra el Día Mundial Sin Tabaco, una loable iniciativa que pretende mantener viva la lucha contra esa mortal adicción. Las mujeres están siendo las grandes protagonistas de la jornada ya que, según los datos de la Organización Mundial de la Salud, el tabaco mata cada año a más de un millón y medio (de las cuales una tercera parte son fumadoras pasivas). No seré yo quien defienda esta maldita droga; es más, aplaudiré con las orejas el día en que prohíban fumar definitivamente en todos los espacios públicos y en los bares y restaurantes. Pero con este post quiero rebatir el lema de la campaña: “Fumar no es sexy.” Entiendo el objetivo de la frase, pero tengo que reconocer que, para mí, fumar sí es sexy. Lo digo solamente como espectador del cine y de la vida real. Ni fumo, ni me gusta que me tiren el humo a la cara, como me ocurre muchas veces. Pero la imagen en sí de una chica sujetando un cigarro con la comisura de los labios me resulta atractiva. Y en el cine clásico tenemos montones de ejemplos. Así que dedico este post a todas aquellas actrices que supieron camelar al tío bueno de turno hipotecando sus pulmones.
1. Marlene Dietrich (1901-1992): ¿La reina de las actrices fumadoras? Tal vez. Marlene supo sostener como nadie los cigarrillos entre sus dedos índice y corazón, con esas uñas largas que eran uno de sus pocos distintivos de feminidad. Sin duda el tabaco también influyó en el tono grave de su voz, aunque tuvo una vida larga y plena: murió con 90 años. ‘El ángel azul’ (1930), ‘Marruecos’ (1930), ‘Ángel’ (1937) o ‘Sed de mal’ (1958) son algunos de los films en los que podemos verla dándole a la nicotina.
may
‘Que el cielo la juzgue’ (1945)
Hace casi tres años, en el antiguo Plumas de Caballo, hice un pequeño comentario de ‘Que el cielo la juzgue’, película dirigida por John M. Stahl que está considerada como una de las obras maestras del melodrama de los años cuarenta. De hecho, es el film más conocido de un Stahl que, según los libros de historia del cine, compartiría el trono del género junto a Douglas Sirk. Pues bien, en este post me gustaría profundizar más en la historia protagonizada por Gene Tierney, no sin antes avisaros de que hay varios SPOILERS -por si todavía no la habéis visto.
‘Que el cielo la juzgue’ se basa en una novela escrita por Ben Ames Williams en 1944, adaptada por Jo Swerling y producida por la 20th Century Fox. No es un melodrama al uso, sino que combina elementos románticos con otros más propios del cine negro, lo que le hace brillar con luz propia frente a otras películas similares. En este sentido, cabe resaltar el fuerte contraste que existe entre la negrura de la trama -con algunas escenas realmente escalofriantes- y el exuberante Technicolor utilizado para el rodaje. Es un film rural -o rústico- porque se desarrolla en localizaciones donde la naturaleza juega un papel esencial, alejándose de la brutalidad urbana tan típica del noir. Y también es un film luminoso: aquí no hace falta esconderse en callejones oscuros ni esperar a la caída del sol para cometer actos impuros.
La guapísima Gene Tierney realiza en ‘Que el cielo la juzgue’ el mejor papel de su corta carrera, sólo igualado por los de ‘Laura’ (1944) y ‘El fantasma y la señora Muir’ (1947). Tierney encarna a Ellen Berent, una mujer mentalmente desequilibrada que acude a un rancho de Nuevo México para esparcir las cenizas de su padre, recién fallecido. Desde el primer momento, desde esa mirada perdida que nos hace reír de puro nerviosismo- sabemos la dependencia que tenía Ellen respecto a su progenitor. Y descubrimos también que la relación con su madre (Mary Philips) y con Ruth, su hermanastra (Jeanne Crain), no es ni mucho menos igual de fluida. Así pues, es casi obligatorio compadecerse de lo que le espera al escritor Richard Harland (Cornel Wilde) cuando Ellen le pone los ojos encima porque le recuerda muchísimo a papá. Tanto es así que deja tirado a su prometido, el político Russell Quinton (Vincent Price), para casarse con él.
mar
‘El embrujo de Shanghái’ (1941)
Inicialmente, ‘El embrujo de Shanghái‘ fue una obra de teatro concebida por el dramaturgo John Colton. Aunque nacido en Minneapolis, Colton pasó la mayor parte de su infancia en Japón y dejó fluir su vertiente asiática en varios de sus libretos, así como un desinhibido interés por las bajas pasiones del ser humano. ‘The Shanghai Gesture’ se estrenó en Broadway el 1 de febrero de 1926, alzó el telón en 206 ocasiones e incluso tuvo un pequeño reestreno dos años después. Sin embargo, tuvieron que pasar más de quince años para que la obra fuera adaptada a la gran pantalla. El motivo: la censura moral del código Hays, un escollo que desanimaba al más osado de los productores.
Lo que más molestaba al señor Hays -y también al consulado chino- es que la obra tenía lugar en un burdel regentado por la imperturbable Madre Goddam, en el cual se traficaba con drogas mientras los clientes adquirían los servicios de prostitutas ninfómanas. Después de leer esta sinopsis, lo normal es que cualquier empleado de Hays tirase el guión a la basura y enviara a su autor al infierno. Pero en Hollywood siempre había quien intentaba sortear los obstáculos de los censores con astucia, talento y un poco de suerte.
En este caso, el valiente fue un hombre que sabía de lo que hablaba: Josef von Sternberg. El propio director se encargó de adaptar el libreto de Colton, concediendo un cambio importante para pasar el filtro: ‘El embrujo de Shanghái’ se desarrollaría en un casino y no en un burdel. Luego, Von Sternberg se ganó la confianza de un productor eslovaco llamado Arnold Pressburger, que financió la película con un millón de dólares.
La nueva sinopsis quedaba pues de la siguiente manera. Estamos en la víspera del Año Nuevo chino en Shanghái, una ciudad que huele a pecado en cada una de sus esquinas. Madre Gin Sling (Ona Munson) dirige uno de los casinos más populares, donde hay tiempo para jugar a la ruleta, al blackjack, al poker y un sinfín de actividades en las que los incautos se dejan el dinero. El ambiente es opresivo, irrespirable, como recrean perfectamente Von Sternberg y el fotógrafo Boris Leven, que obtuvo la nominación al Oscar, al igual que el compositor Richard Hageman por la banda sonora.
oct
Estrenos en DVD: Los siete magníficos de la 20th Century Fox
Bette Davis, Cary Grant, Gene Tierney, Gregory Peck, John Wayne, Paul Newman y Tyrone Power (esto sí que es un ‘Dream Team’ y no lo del Barça), fueron siete de las estrellas del cine clásico que en algún momento de sus carreras trabajaron en películas distribuidas por la 20th Century Fox, películas que ahora salen a la venta en siete packs exclusivos. Los analizamos uno a uno y te damos las claves para que decidas si vale la pena gastarse los euros.
Pack Bette Davis: El exotismo (4 discos + 1 libro de citas, 30 €). Para empezar no convence demasiado el subtítulo que le han puesto. Y para continuar, solo incluye una película que realmente se gana el adjetivo de imprescindible: Eva al desnudo. También están Canción de cuna para un cadáver, A merced del odio y Un gángster para un milagro, pero solo para incondicionales de la Davis… Y es que la mayoría de sus mejores films los rodó para Warner Bros. Calificación: Aprobado, por obra y gracia de Margo Channing.
Pack Cary Grant: La elegancia (6 discos + 1 libro de citas, 40 €). Aquí el subtítulo es mucho más ajustado pero poco original. Obviamente no están los thrillers de Hitchcock ni las comedias con Katharine Hepburn, así que el conjunto baja de nivel: Tú y yo (que tiene sus adeptos pero yo no la soporto), Me siento rejuvenecer, Orgullo y pasión, Murmullos en la ciudad, La mujer del obispo y Bésalas por mí. Cary, te han dejado con lo puesto. Calificación: Aprobado, porque da pena suspenderle y porque la relación número de discos / precio es aceptable.
Pack Gene Tierney: La perfección (6 discos + 1 libro de citas, 40 €). No hay excusas. Si eres devoto de la Tierney y aún no tienes ninguna de estas películas, estás tardando en reservar el pack: Laura, El filo de la navaja, El hijo de la furia, El fantasma y la señora Muir y Que el cielo la juzgue son cuatro obras de arte, que encima vienen acompañadas por la exótica Sinuhé, el egipcio. Realmente el subtítulo hace justicia a su contenido. Calificación: Excelente. Y olvidé decir que regalarse la vista con Gene Tierney es uno de los grandes placeres de los amantes del cine clásico.
may
‘La ruta del tabaco’, al fin en DVD
Hacía mucho tiempo que no veía una carátula tan buena como la que encabeza este post. Se trata de la edición en DVD de La ruta del tabaco (1941), editada por la Fox en exclusiva para la FNAC. Sí, sí, ya podéis restregaros los ojos, pero la chica sucia con la mirada perdida no es otra que Gene Tierney, quizá la actriz más bella de la historia del cine. John Ford la afeó a conciencia para encarnar a la hija de una familia de pueblerinos del sur de Estados Unidos que afronta la expropiación de sus tierras entre la desidia y la melancolía. Os la recomiendo, aunque el DVD (9,95 euros) sólo traiga una galería de fotos como extras, al igual que la novela original escrita por Erskine Caldwell. Es corta, se lee de un tirón y así podréis comparar las dos versiones. Y como la adaptación a la gran pantalla corrió a cargo de Nunnally Johnson, la calidad de la historia se mantiene prácticamente intacta.
Seguimos con dos exclusivas más de la FNAC. En primer lugar, Huracán sobre la isla (1937), otra de John Ford. Una película que combina drama y aventuras en los mares del sur protagonizada por Dorothy Lamour y Jon Hall que obtuvo un Oscar al mejor sonido y dos nominaciones, al mejor actor de reparto (Thomas Mitchell) y a la mejor banda sonora (Alfred Newman). Por otro lado, tenemos una joya de King Vidor: Y el mundo marcha (1928), considerada una de las últimas grandes obras del cine mudo. No en vano logró dos nominaciones al Oscar en las categorías de mejor director y mejor película.
Y terminamos con una colección de DVDs de Universal pertenecientes a la Hammer Collection, es decir, películas de terror de los años setenta no aptas para asustadizos. Los títulos en cuestión, que se sirven sin extras aunque en unos estuches bastante majos, son los siguientes: El doctor Jekyll y su hermana Hyde (1971), Sangre en la tumba de la momia (1971), Los demonios de la mente (1972), Miedo en la noche (1972) y La monja poseída (1976), que cuenta con un reparto llamativo: Richard Widmark, Christopher Lee, Michael Goodliffe y Natassja Kinski. Precio de la unidad: 11 euros.
Vía | ZonaDVD
mar
Los guiños de Almodóvar al cine clásico en ‘Los abrazos rotos’
Esta semana llega a la cartelera la última película de Almodóvar: Los abrazos rotos. Termina así con casi tres años de silencio cinematográfico, y eso que es difícil hacerle callar. Vuelve con Penélope Cruz, su musa querida, y con un extenso plantel de intérpretes entre los que sobresalen José Luis Gómez, Lluís Homar y Blanca Portillo. Tengo ganas de verla, sobre todo por las continuas referencias al cine clásico que ha resaltado Almodóvar en las previas del estreno.
Con permiso de Javier Rioyo, transcribo algunos fragmentos de la entrevista que salió publicada el pasado domingo, 15 de marzo, en el suplemento Dominical de El Periódico de Catalunya.
Sobre Penélope Cruz: “Yo aquí la veo como una mezcla de Holly Goligthly de Desayuno con diamantes y de otro maravilloso papel de Audrey Hepburn, la hija del chófer que seduce al señor en Sabrina. De la primera tiene el espíritu, la procedencia humilde y la belleza sofisticada. De Sabrina, en algunos momentos hemos tomado el estilo, el peinado [...]. En Volver habíamos tomado una mezcla de Sofía Loren y Ana Magnani para su forma de andar y su manera de ser, una atribulada ama de casa que no perdía la hermosura.”
dic
‘El hijo de la furia’ (1942)
Mucho se habla de la desaparición o la caducidad de determinados géneros cinematográficos, como hemos hecho en este blog acerca del western, pero nunca se recuerda que ya casi no se ruedan películas de aventuras. También estuvieron en boga en los años cuarenta y cincuenta, pero quedaron aparcadas en cuanto la acción y los efectos especiales ganaron terreno. Eran películas ingenuas, para públicos poco selectos y algo pueriles, pero qué demonios; esas historias de piratas, caballeros, ladrones y princesas eran lo suficientemente entretenidas como para incitarnos a blandir la espada y presentar batalla al primero que nos ofendiera.
Como en el caso de El hijo de la furia, las películas aventureras solían ser vengativas. En este caso tenemos a Benjamin Blake, un joven de la nobleza británica que aspira a recuperar las tierras que su tío Arthur le arrebató a su padre. Para ello ha pasado diez años trabajando como un vulgar siervo, ensillando caballos y limpiando cuadras, suspirando en secreto por su hermosa prima Isabel y trazando sobre plano un viaje hacia Sudamérica para amasar fortuna, regresar y recuperar lo que por derecho le pertenece.
George Sanders siempre tuvo cara de granuja, con esa contundente nariz a lo Depardieu, por lo que encaja perfectamente en el rol del malvado Arthur, que no duda en humillar a su sobrino a base de golpes y latigazos, para que aprenda a quién debe servir; cuando Benjamin se le escape, la tomará con su abuelo Amos Kidder. Chantaje moral: éste hombre no tiene corazón. En cuanto al papel de Benjamin, la Fox se lo adjudicó al enérgico Tyrone Power, ideal para engatusar a las espectadoras y brincar por la pantalla, a pesar de que alguna de sus posturitas cause, a estas alturas, un poco de rubor ajeno.
nov
Galería de fotos plumíferas
El blog de Plumas de Caballo funciona ya a pleno rendimiento. Gracias, una vez más, al trabajo de AXcreaciones, hemos activado la galería de fotos que aparece en la columa de la derecha y que desde hace mes y medio estaba ahí, un poco colgada. Hemos creado seis álbumes Flickr en los que podéis entrar para recrearos en imágenes del cine clásico americano. De vez en cuando añadiremos nuevos álbumes; ya os iremos avisando.
A modo de presentación, aquí tenéis una pequeña descripción de los seis álbumes que inauguran la galería de fotos de Plumas de Caballo:
1. Paul Newman: El fallecimiento del actor de ojos azules nos obligaba a rendirle un tardío pero sentido homenaje. Hay fotos de sus mejores películas, su época de esplendor físico, su madurez y su pasión por las carreras de coches, afición que conservó hasta la vejez.
2. Audrey Hepburn: Para muchos cinéfilos, el rostro más bello que ha pasado por la gran pantalla. Creó escuela con su imagen delgada y sus modernos peinados. Lució como nadie los vestidos de princesa y los diamantes de Tiffany’s. Desde Sabrina hasta Sola en la oscuridad, he aquí una muestra fotográfica de la ‘otra’ Hepburn.
3. Las mujeres de Hitchcock: Un repaso por algunas de las mujeres que fueron ‘maltratadas’ por Alfred Hitchcock en películas como Psicosis, Atrapa a un ladrón, La ventana indiscreta o Los pájaros. Claro que de ese maltrato resultaron interpretaciones maravillosas.
nov
‘El fantasma y la señora Muir’ (1947)
A veces cuesta explicar una película sin desvelar el final, porque es ahí donde convergen todas las emociones que arrastramos desde los primeros fotogramas. La historia puede comenzar siendo anodina, simple o recurrente; pero ir convenciéndonos mientras avanza y, en el último instante, sacudirnos un ‘coup de grâce’ tan perfecto que anula toda capacidad de réplica y obliga a replantearnos los prejuicios con los que nos habíamos sentado frente a la pantalla. El fantasma y la señora Muir es una de esas películas.
Lucy Muir es una joven viuda que se traslada con su hija y su criada a un caserón de la costa británica. Aunque es avisada de que allí habita el fantasma de su antiguo dueño, el capitán Gregg, la señora Muir prefiere plantarle cara y convivir con este espíritu, que termina aceptando su presencia.
Así, la primera fase de la película es casi una ‘screwball’, con diálogos subidos de tono para la época y comentarios sarcásticos entre el rudo capitán y la delicada inquilina. Pero luego el tono general cambia por completo, pasando de una tópica comedia romántica a un drama en toda regla con un final políticamente incorrecto. Porque el capitán Gregg -Rex Harrison entre las sombras- no es sólo un lobo de mar; ahora que está muerto sabe cuál es el sentido de la vida e intenta hacérselo comprender a Lucy, pero ella en el fondo piensa que sólo es un fantasma celoso y bravucón. Lucy sigue a su cabeza, no a su corazón, y paga un alto precio por ello.














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