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29
Mar

Ciclo Cara de Poker: ‘El golpe’ (1973)

El golpe

Cumplimos ya nuestro cuarto capítulo dedicado a las partidas de poker más interesantes del cine clásico en Plumas de Caballo y no podíamos dejar pasar más tiempo para referirnos a ese peliculón llamado ‘El golpe’ (1973). Imposible resistirse al atractivo que desprenden tanto el guión de David S. Ward como la dirección de George Roy Hill y, por supuesto, la pareja formada por Paul Newman y Robert Redford. Una exquisitez se mire por donde se mire, con un diseño de producción magnífico y unas interpretaciones magistrales. A muchos directores del cine actual se les debería caer la cara de vergüenza.

Aunque la secuencia más importante de ‘El golpe’ tiene lugar en un local clandestino de Chicago en 1936, donde los dos apuestos timadores se van a cobrar una justa venganza con muchos ceros a la derecha, nosotros vamos a quedarnos con la escena de la partida de texas holdem poker que se desarrolla en un vagón de tren y en la que Paul Newman se come la pantalla.

El objetivo es empezar a desplumar -y, por tanto, herir en su orgullo- al mafioso Doyle Lonnegan (Robert Shaw), el cual pretende arrasar en esa timba y cambiar todas sus fichas y las de los demás jugadores por miles de dólares antes de llegar a la estación de Chicago. Pero un oportuno soborno permite a Henry Gondorff colarse en el vagón y retarlo. El recién llegado no es otro que un Paul Newman muy divertido, aparentemente borracho, agarrado a una botella y con ganas de marcha.

Ya en las primeras rondas consigue sacar de quicio a Lonnegan, que quiere rehacerse a toda costa y acaba apostando una cantidad enorme para recuperar todo lo perdido de una sola vez. Para que no falle nada, Lonnegan impone su propia baraja, con cartas marcadas. Pero Henry, en un alarde de previsión, ya sabía que su rival hacía trampas… y qué tipo de trampas. Así que le contrarresta con la misma moneda: cuando la cámara nos enseña que lleva el mejor juego de poker y una mano mejor que la de Lonnegan, no podemos sino rendirnos a sus encantos.

La escena -como toda la película, de una precisión extrema, con idas y venidas de compinches que giran la tuerca del guión una y otra vez- termina justo cuando el tren llega a Chicago. Y se redondea con la intervención de Johnny Hooker (Robert Redford), que nos deja atónitos cuando se vende a Lonnegan para traicionar a Henry. Pero no os engañéis. Nada es lo que parece en el mejor golpe de la historia del cine, avalado por 7 Oscars (entre ellos: Mejor Dirección, Mejor Guión Original, Mejor Película y Mejor Banda Sonora). Si aún no la habéis visto, ¿a qué estáis esperando?

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