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’40 pistolas’ (1957)
Es complicado escribir una crítica de ’40 pistolas’ justo después de haberla visto por primera vez. Uno sabe que está ante un western atípico, intuye por qué Samuel Fuller es considerado hoy en día como un director de culto, y valora su osadía a la hora de dotar a la historia de una fría y extrema violencia. Sin embargo, para que las palabras fluyan, para que nuestro paladar saboree el manjar y para que nuestro cerebro separe el grano de la paja, hacen falta unos días de reposo. De ahí que este fin de semana Plumas de Caballo no se haya actualizado.
Samuel Fuller escribió, produjo y dirigió ’40 pistolas’ en 1957. La acción tiene lugar en un condado indeterminado del estado de Arizona, donde la autoritaria Jessica Drummond (Barbara Stanwyck) impone su ley con mano de hierro… y con la ayuda de los cuarenta pistoleros que forman su séquito -de ahí el título de la película. Tal es su poder en este condado que hasta el sheriff (Dean Jagger) besa el suelo por donde pisa.
Un día llegan a la capital del condado los hermanos Bonnell. Se nos presentan en la primera escena del film, rodada con una impresionante efectividad, en la que casi son arrollados por Jessica Drummond y sus 40 secuaces. Pero Griff, el mayor de los Bonnell (Barry Sullivan), no es de los que se deja impresionar fácilmente. Su pasado como pistolero le ha dado las agallas suficientes para afrontar la tarea que le ha encomendado el gobierno: limpiar Arizona de dictadores como Jessica. Con este objetivo se asienta Griff en el poblado, acompañado por sus hermanos menores: Wes (Gene Barry), que actúa como lugarteniente y consejero; y Chico (Robert Dix), un impetuoso e inexperto muchacho que está obsesionado por demostrar su valía en el fuego cruzado.





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