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‘La fiera de mi niña’ (1938)
‘La fiera de mi niña’ es una de las mejores muestras de que, a veces, ni los premios ni la recaudación de taquilla son justos con las películas. Aunque los estudiosos del cine la tengan actualmente en un pedestal, aunque en 1990 fuera seleccionada como un filme imperecedero por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, aunque salte a la vista que pocas parejas cómicas de distinto sexo han tenido más química que Katharine Hepburn y Cary Grant, aunque esté dirigida por un maestro del género como Howard Hawks… lo cierto es que, en su día, fue el sonoro batacazo que cimentó la leyenda de que la Hepburn era “veneno para la taquilla”. En otras palabras: una injusticia monumental.
Producida por la RKO con un presupuesto superior al millón de dólares (leopardo incluido), ‘La fiera de mi niña’ es la típica comedia romántica de enredos de los años treinta que no puedes dejar de ver sin una sonrisa en los labios y que tiene momentos de auténticas carcajadas.
Dudley Nichols y Hagar Wilde escribieron directamente para la gran pantalla una comedia soberbia, de ritmo frenético, en la que se mezclan con brillantez los duelos dialécticos y los gags visuales (por cierto: Nichols y Wilde se enamoraron durante el rodaje e iniciaron una relación).
Es obvio que para modelar el personaje del timorato Doctor Huxley se basaron en Harold Lloyd; queda patente en la primera escena, con Grant subido en un andamio y portando unas gruesas gafas de pasta. Para Hepburn, que todavía no había rodado ninguna comedia, optaron por un personaje espontáneo, decidido pero caótico, que arrastraría a su amor de aquí para allá con la esperanza de conquistarlo y liberarlo de su estricta prometida (Virginia Walker).
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Los trucos de ‘La fiera de mi niña’
¿Quién dijo que en el cine clásico se notan demasiado los efectos especiales? Para demostrar que no es así, al menos no siempre, os ofrecemos este montaje de la comedia de Howard Hawks La fiera de mi niña, rodada en una fecha tan lejana como 1938. Como sabréis, Cary Grant y Katharine Hepburn debían lidiar con un leopardo que causaba bastantes problemas y está claro que no podían arriesgar sus estupendos cuerpos ante las garras de un animal como éste. Así que Vernon L. Walker, uno de los especialistas de la RKO, hizo gala de su inteligencia para montar los planos de manera que fueran creíbles para el espectador. Y el resultado fue excelente. Comprobadlo.
Vía | Crónicas de Cine












