mar
Jane Russell, doble dinamita
“Sí, Howard Hugues inventó un sujetador para mí. O lo intentó. Y se parecía a los que se llevan hoy en día. Él siempre fue un avanzado a su tiempo. Pero nunca lo llevé puesto en ‘El forajido’. Y él nunca lo supo. No iba a quitarme la ropa para comprobar si lo llevaba. Así que simplemente le dije que sí.”
A estas horas ya sabéis cuál ha sido la noticia de la semana al otro lado del charco por lo que al cine clásico se refiere: el fallecimiento de la actriz Jane Russell a los 89 años en su casa de Santa Maria, California, por las complicaciones derivadas de una enfermedad respiratoria. Intensamente morena, voluptuosa aunque no muy guapa, fue una de las responsables de despertar la libido de los estadounidenses en los años 40, con la inestimable colaboración de Howard Hugues; sin embargo, es más recordada por haber compartido reparto con Marilyn Monroe en ‘Los caballeros las prefieren rubias’. Fue una mujer de carácter, conservadora, religiosa y dominante, cuya vida vamos a repasar en los siguientes párrafos de este post.
Ernestine Jane Geraldine Russell era la hija de un teniente del ejército estadounidense y de una madre que había hecho sus pinitos como actriz en el teatro. Nació el 21 de junio de 1921 en Bemidji, Minnesota y, aunque nunca le faltó de nada, lo cierto es que tuvo que aplazar sus primeras aficiones, como el piano o la moda, cuando murió su padre. Tuvo varios trabajos, entre ellos el de secretaria de un podólogo californiano; y poco a poco ahorró el dinero suficiente para entrar en una escuela de teatro, con el apoyo incondicional de su madre.
Y llegó el golpe de suerte. Corría el año 1941 y Howard Hugues estaba recorriendo el país de cabo a rabo para encontrar a la actriz protagonista de su próxima película: ‘El forajido’. Dicha actriz debía cumplir una condición expresa para llevarse el papel: poseer un pecho generoso, que llamara la atención de los espectadores; dos tetas como dos carretas sobre las que él posaría la cámara y ya veríamos si algo más. Hugues encontró a Russell por casualidad, le gustó su carácter decidido, su melena morena, su condición de novata y, por supuesto, las dos poderosas razones que despuntaban bajo el jersey… y para las que mandó diseñar un sujetador especial.
ago
‘Nacida para el mal’ (1950)
Cuatro años tardó la RKO en sacar adelante el rodaje de ‘Nacida para el mal’. En 1946 compró los derechos de la novela de Anne Parrish y adjudicó los roles protagonistas a Joan Fontaine, Henry Fonda, John Sutton y Marsha Hunt. Pero, poco después, el proyecto fue cancelado. Se recuperó en 1948 bajo el título de ‘Bed of Roses’, esta vez con Barbara Bel Geddes en el papel principal; sin embargo, Howard Hugues intercedió contra ella y prefirió esperar dos años más, hasta que Joan Fontaine volvió a quedar libre. El resultado fue una película con buenas interpretaciones, algunas escenas meritorias y una pulcra dirección de Nicholas Ray pero, a su vez, con una evidente falta de intensidad dramática y con una crispante indefinición general.
Asumiendo un poco el papel de la lagarta Anne Baxter en ‘Eva al desnudo’, Joan Fontaine da vida a Christabel Caine, una joven que ha crecido agarrada a las faldas de su tía Clara (Virginia Farmer) tras quedarse huérfana. Es una criatura hermosa y dulce para todo el mundo. Por ello, su prima Donna (Joan Leslie) no ve ningún peligro en el hecho de que se mude a su casa mientras se adapta a su primer trabajo: taquígrafa de la editorial de su tío John (Harold Vermilyea). Pero la pícara sonrisa de Christabel no pasa desapercibida para el escritor Nick Bradley (Robert Ryan), el cual está convencido de que bajo esa apariencia angelical existe una mujer ambiciosa y egoísta que hará lo necesario por escalar hacia el éxito en menos que canta un gallo.
El plan de Christabel consiste en sembrar la semilla de la discordia entre Donna y su prometido, el millonario Curtis Carey (Zachary Scott). Con sus modales aniñados y su lengua afilada, Christabel se va metiendo en el bolsillo a Curtis mientras Donna se muestra cada vez más dudosa respecto a su próximo matrimonio. Nick, un hombre cínico y esnob, de los que siempre mira a los demás por encima del hombro, sabe cuál es la estrategia que está empleando esa víbora rubia… Pero no la delata porque está enamorado de ella y, además, Christabel parece corresponderle.
feb
Kathryn Grayson ha muerto
Nueva estrella del cine clásico de la que nos tenemos que despedir: Kathryn Grayson. Ha fallecido a los 88 años en Los Ángeles por causas naturales, según informa la prensa estadounidense. Fue un rostro habitual en los musicales de la Metro en los años cuarenta y cincuenta. Es momento de que en Plumas de Caballo le rindamos un pequeño homenaje en forma de post.
El sueño de Zelma Kathryn Elisabeth Hedrick era ser cantante de ópera. Y la verdad es que tenía unas cuerdas vocales fabulosas. Por eso, cuando tenía 15 años, sus padres aceptaron mudarse con ella de Carolina del Norte a Los Ángeles, con la esperanza de hallar el camino al éxito. Pero es poco probable que Kathryn adivinara lo que iba a suceder: triunfaría, sí, pero no en los grandes teatros de ópera, sino en las pantallas de cine de Hollywood.
En 1941, un caza talentos de la Metro la escuchó por casualidad en la radio y se dijo que tenía una voz perfecta para el cine musical. Kathryn recibió una oferta para unirse a la productora de Louis B. Mayer y la aceptó de inmediato. El problema es que con esa firma perdió casi todas las opciones de dedicarse a la ópera; cuando le ofrecieron cantar en el Metropolitan, el señor Mayer en persona se lo prohibió para no dañar su imagen de actriz. El motivo puede parecer poco convincente, pero la verdad es que en aquella época eran los grandes estudios quienes tenían la sartén por el mango.
El mismo año que dio el salto al cine, Kathryn se casó con un actor bastante discreto llamado John Shelton, del que se divorciaría en 1946. Para entonces, Kathryn ya había rodado su primer gran éxito como actriz: el musical ‘Levando anclas’, donde compartió luminarias con dos pesos pesados del género como Frank Sinatra y Gene Kelly. En 1947 se casó por segunda y última vez, ahora con un barítono de clubes nocturnos -Johnny Johnston- con el que sólo duró cuatro años pero el cual le dio a su única hija.
feb
‘Cara de ángel’ (1952)
Cuentan que, durante el rodaje de Cara de ángel, Otto Preminger ordenó repetir varias veces una toma en la que Robert Mitchum debía abofetear con fuerza a Jean Simmons. El director creía que Mitchum no se estaba empleando con la suficiente dureza y éste se sentía cada vez más cohibido ante las marcas que sus manos estaban dejando en el rostro de Simmons. Así que al final Mitchum perdió los nervios, cogió a Preminger de la pechera y ¡zas!, le arreó una sonora bofetada seguida de su típico comentario sarcástico: “¿Así le parece bien?”
Por supuesto que Preminger montó en cólera y ordenó a Howard Hugues, mandamás de la RKO, que expulsara a Mitchum del rodaje de manera inmediata. Pero Hugues se puso de parte del actor; le caía bien y creía ver en él una especie de alma gemela. Así que Preminger tuvo que tragar. Por lo demás, la película se llevó a cabo sin mayores contratiempos.
Cara de ángel es una tardía obra de cine negro con algunos ecos de Retorno al pasado. Mitchum es Frank Jessup, un conductor de ambulancias incapaz de sentar la cabeza junto a su adorable novia Mary (Mona Freeman) que conoce y se enreda con una joven de alta sociedad, Diane (Jean Simmons). La chica se comporta de forma egoísta, escudándose en la represión que según ella ejerce su madrastra Catherine (Barbara O’Neil) con su querido padre, Charles (Herbert Marshall). Frank se da cuenta de lo peligroso que resulta estar junto a una niña mimada y paranoica, pero escapar de la telaraña le va a costar más de lo que puede imaginar.





(4 votos, Promedio: 3.75 de 5) 










