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A bofetada limpia
El cine perdió nueve millones de espectadores en 2008. El cine español, en concreto, casi millón y medio (supongo que a nadie le sorprende). Y es que se pierden las buenas costumbres. Por ejemplo: el noble arte de la bofetada. Ya no hay discusiones de pareja que terminen con una mejilla enrojecida, ni se reta a nadie con un combinado de palma y dorso que deje estupefacto al oponente. [Nota para los inquisidores: hablo de cine, solo de cine y nada más que de cine o ficción. Rihanna somos todos, menos ella misma.] En este vídeo tenéis unos cuantos ejemplos de bofetadas clásicas, a cargo de Joan Crawford, Clark Gable o Humphrey Bogart. Y no todas dramáticas; también hay cachetitos cómicos. Qué manera de armar el brazo en un segundo y qué estoicidad la de quienes encajaban el golpe. Algunas duelen de verdad.
Vía | Youtube
mar
Luana Alcañiz en Hollywood
El diario El País publica este domingo un reportaje sobre Luana Alcañiz, actriz española que probó fortuna en Hollywood a finales de los años veinte y que tuvo algo de suerte, pues firmó un contrato con la Fox y compartió pantalla con Humphrey Bogart en El conquistador (1930). Eran los años en que el cine sonoro se abría paso a codazos entre las producciones mudas, y los cazatalentos buscaban voces exóticas que impresionaran a los espectadores tanto como aquella frase de Al Jolson en El cantor de jazz (1927): “Esperen un minuto: ¡Aún no han oído nada!” Luana, que había nacido en Madrid (¿o Filipinas?) el 8 de mayo de 1906, se ganó la vida cantando y bailando en locales de Manhattan antes de rodar unas treinta películas; la última, un papel no acreditado en Doctor Zhivago (1965). Merece la pena invertir unos minutos en acercarse a su vida.
PD. Qué cansinos con lo de “la Penélope Cruz de los años treinta”…
Vía | El País
dic
‘You must remember this’, nuevo libro sobre la Warner Bros.
“You must remember this / A kiss is still a kiss / A sigh is just a sigh / The fundamental things apply / As time goes by…” La primera frase del estribillo de la canción estrella de Casablanca ha inspirado a Richard Schnikel y George Perry para su historia de la Warner Bros., un libro de 479 páginas con un diseño impecable y unas fotografías de gran calidad que, de momento, sólo está disponible en Estados Unidos; a ver si los Reyes Magos le ayudan a cruzar el charco.
De la reseña que publica The New York Times, me quedo con las palabras de Richard Schnikel, el cual afirma que la Warner fue “el estudio de la clase trabajadora”. Sobre todo en los años ’30 y ’40, sus películas tenían una especie de conciencia social y sus finales no siempre eran felices: “El héroe o la heroína solían acabar muertos o marginados”, afirma Schnikel, que pone como ejemplo a Humphrey Bogart en los cuarenta o a las ideas de Stanley Kubrik en los setenta.
En este sentido, las estrellas de la Warner habrían conseguido una identificación plena con los espectadores al representar dramas cercanos. Los autores sostienen que “si James Cagney ha sido el rostro de la Depresión americana, Bogart podría ser el de la Guerra: agrio y romántico, el hombre que en cualquier momento podría ser reclutado para luchar contra el fascismo”.
El libro, cuyo título oficial es You must remember this: The Warner Bros. story, incluye también un montón de anécdotas sobre la productora y sus actores más conocidos, las luchas internas por el poder y menciones especiales a las películas que cambiaron el rumbo de la historia, como El cantor de jazz, clave en el desarrollo del cine sonoro a finales de los años veinte. Si no podéis esperar a que lo importen, podéis comprarlo a través de internet por unos 30 dólares más gastos de envío.
Vía | The New York Times
nov
‘Ángeles con caras sucias’ (1938)
Sólo hay que ver los primeros quince segundos de esta película para quedarnos enganchados por completo: la cámara se eleva sobre las atestadas calles de Hell’s Kitchen y realiza un majestuoso vuelo rasante hasta situarse al nivel de transeúntes, policías, ladrones y adolescentes, los cuales se empujan unos a otros para avanzar y, en cierto modo, sobrevivir. En ese ambiente crecen dos jóvenes vagabundos: Rocky Sullivan y Jerry Connolly. Ellos también sobreviven a costa de los demás: roban, engañan y se mofan de las chicas. Hasta que un día llegan demasiado lejos y Rocky, el menos afortunado, acaba en la cárcel.
Quince años después, los dos amigos se reencuentran. Aquella lección de realidad fue válida para Jerry (Pat O’Brien), que se ha hecho cura y oficia sermones en la parroquia del barrio; no así para Rocky (James Cagney), el cual ha perfeccionado sus tácticas mafiosas mientras estaba preso. Los dos se siguen llevando de maravilla, pero Jerry tiene la esperanza de hacer de Rocky un hombre de bien y, en cierto modo, expiar su mala conciencia por haberse librado de una condena que sin duda él también merecía. Pero Rocky no atiende a razones; pronto se convertirá en un gángster admirado por la chiquillería y se meterá en situaciones cada vez más problemáticas, como su enfrentamiento con el inquietante James Frazier (Humphrey Bogart).
A James Cagney no le vamos a descubrir ahora: puro nervio, fuerza, rabia incontenible. Papel como anillo al dedo, entre otras cosas porque su infancia transcurrió en esa Cocina del Infierno. También resultan conmovedores los intentos del padre Connolly por reformarlo, su debate interior sobre lo correcto y lo que le dicta el corazón. Frente a frente, los dos protagonistas suben su apuesta hasta llegar a un final con doble sentido (el propio Cagney lo dejó a la libre interpretación del espectador) en el cual queda un interrogante: ¿Quién de los dos ha aceptado la mayor humillación?
nov
“Sam, ahora tócala en Blu-ray”
Como el Blu-ray todavía anda en pañales (que levante la mano quien ya se haya comprado uno), las distribuidoras ponen el anzuelo de títulos clásicos que cualquier cinéfilo debería tener para hacer un poquito de caja. El próximo 25 de noviembre será el turno de una de las mejores películas de la historia del cine: Casablanca (1942), de Michael Curtiz. Después de haberla visto tantas veces y en tantos formatos diferentes, esperamos que este Blu-ray nos sitúe directamente en una de las mesas del café de Rick (Humphrey Bogart) mientras observamos el contorneo de Ingrid Bergman y escuchamos a Sam tocar (otra vez) As time goes by.
Entre los contenidos extras del Blu-ray de Casablanca figura una introducción de Lauren Bacall, viuda de Bogart y mito viviente del cine, un par de documentales sobre la película y un divertido cortometraje de los Looney Tunes llamado Carrotblanca. Además, lógicamente, de las escenas eliminadas, los trailers y los audiocomentarios de reputados historiadores. ¿El precio? Prohibitivo, ya lo sabemos: alrededor de 30 euros. Edita Warner Home Video.
En la ficha técnica del Blu-ray no hay ninguna referencia a la inclusión de la banda sonora del film en los extras. Habría estado bien, la verdad, ya que la partitura de Max Steiner fue candidata a los Oscar y algunos temas forman parte de nuestra memoria colectiva, en especial ese As time goes by que podéis ver y escuchar en el vídeo que abre este post. Por cierto, ni se os ocurra decir aquello de “tócala otra vez, Sam…”, porque la cita es incorrecta; en realidad, la Bergman sólo dice “tócala, Sam” y Humphrey, más explícito, exclama: “¡Tócala!” ¿Sabéis dónde aparece la cita que todo el mundo dice mal? En una de los hermanos Marx: Una noche en Casablanca. Sorpresas te da la vida…
Vía | ZonaDVD
nov
‘La profecía’ da el salto al Blu-ray
Mucha variedad en el mercado de cine clásico doméstico en estos primeros días de noviembre. Para variar un poco empezamos con un nuevo estreno en Blu-ray, formato que poco a poco nos van metiendo con calzador y que, antes de que nos demos cuenta, acabaremos adoptando. Si hay algún moderno que ya tenga el aparato y, además, un buen sueldo, sepa que ya está a la venta la edición en Blu-ray de La profecía (1976), la terrorífica cinta que dirigió Richard Donner y que protagonizaron Gregory Peck y Lee Remick, papás de un niño malo (muy malo) llamado Damien. Esta edición incluye extras por un tubo: comentarios del director, escenas eliminadas, documentales, estudios sobre la banda sonora de Jerry Goldsmith y los típicos trailers, fotos y fichas técnicas. A pesar de su prohibitivo precio (no menos de 30 euros), quien se lo pueda permitir, quedará satisfecho.
Claro que, pagando un poquito más, podemos comprar alguno de los cofres de DVDs editados por Warner. Particularmente interesante es el Cofre de Cine Negro, que incluye joyas de los años treinta como Los violentos años 20 y Ángeles con caras sucias. Quienes prefieran quedarse con los films de Humphrey Bogart a secas, también tienen un cofre a su disposición, siendo El halcón maltés y La senda tenebrosa sus principales reclamos. Y para los que disfrutan odiando a la harpía de Bette Davis, otro cofre con La solterona o ¿Qué fue de Baby Jane? Eso sí, en todos los casos echamos de menos algún valor añadido en forma de extra, sobre todo para quienes ya tengan alguna película comprada individualmente. Por su parte, DeAPlaneta pone a la venta un estuche de tres discos con clásicos de Buster Keaton; entre ellos, El maquinista de la general.
Y acabamos las recomendaciones domésticas con la edición en DVD y Blu-ray de Quo Vadis, la épica historia bíblica filmada por Mervyn Leroy y Anthony Mann que cuenta con un reparto de lujo compuesto por Robert Taylor, Deborah Kerr y Peter Ustinov. Los extras incorporan un documental, noticiarios de la época, comentarios del historiador F. X. Feeny y una (dicen) espectacular reunión de música e imágenes por primera vez desde su estreno, allá por 1951.
Vía | ZonaDVD
sep
Fumar era un placer
Qué habría sido del cine sin el tabaco. Era un elemento indispensable en las películas clásicas. Ahora no tanto; incluso hay quien apuesta por eliminarlo para no pervertir a los jóvenes cinéfilos (en cambio, estos membrillos no se preocupan por liquidar ‘grandeshermanos’ ni ‘triunfitos’). El cine negro de los cuarenta olía a tabaco. También el western. Cualquier estrella debía tirar un pitillo con destreza, como lo hacían Bogart, Wayne o Davis, o sujetarlo con la comisura de los labios, igual que Mitchum. Qué de humos había en algunos films de Fritz Lang, véase M, el vampiro de Düsseldorf. Pero está claro que no todo se debía a la magia de la nicotina; detrás, muchas veces, había intereses puramente económicos. Montones de dinero. Un negocio que satisfizo a la industria del cine y a las tabacaleras. Y las estrellas fumaban unas determinadas marcas. Y las anunciaban por la radio. Y, según el estudio que acaba de publicar Tobacco Control, ello repercutió en los pulmones de millones de espectadores embaucados por el influjo del cigarrillo.
Tobacco Control | Signed, sealed and delivered: “big tobacco” in Hollywood, 1927-1951
Vía | El rayo que no cesa




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