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‘El increíble hombre menguante’ (1957)
Si en los relatos de Franz Kafka los protagonistas se convertían en cucarachas de la noche a la mañana o se veían enredados en interminables y surrealistas procesos judiciales, en esta película el personaje central sufre otro tipo de transformación que bien podría haber apadrinado el escritor checo. Ya es hora de recuperar en Plumas de Caballo ‘El increíble hombre menguante’, uno de esos clásicos de la ciencia ficción que se han rebelado contra la etiqueta de serie B hasta convertirse en una obra básica para todos los amantes del cine… aunque con unos matices que comentaremos más adelante y que le restan algo en la puntuación final.
Para empezar, la historia original lleva la firma de Richard Matheson, toda una autoridad de la ciencia ficción norteamericana gracias ‘El último hombre sobre la Tierra’. Su protagonista es un hombre corriente llamado Scott Carey (Grant Williams) que disfruta de unas vacaciones en alta mar junto a su esposa Louise (Randy Stuart) cuando, de repente, es regado por una nube de gas tóxico. Ni Scott ni su mujer le dan importancia hasta que, seis meses después, empiezan a ser evidentes los efectos del gas: Scott se hace más pequeño y más delgado cada día que pasa, sin que los médicos puedan encontrar una explicación… ni mucho menos un remedio.
Scott pasa de ser un adulto de 1,85 metros a un hombre de mediana estatura, un hombre bajito, un tipo con la altura de un adolescente, un enano… Su mengua parece no tener fin. Se está convirtiendo en alguien diminuto que necesita ayuda para bajarse del sofá y que terminará durmiendo en una casa de muñecas, perseguido por los gatos y las arañas.
Lo que hace grande a ‘El increíble hombre menguante’ es que no se queda en los efectos especiales (muy buenos, por otra parte) ni en la acción pura y dura. No. Esta película va mucho más allá y nos plantea un problema de perspectiva, de análisis de la condición humana. A pesar del escaso metraje (78 minutos que pasan en un suspiro), el director, Jack Arnold, tiene tiempo de moldear el personaje y de hacerlo creíble al espectador. Scott reacciona como un hombre ante su transformación, y eso no quiere decir que siempre lo haga con valentía: lo hace frustrado, humillado por los gigantes que se compadecen de él, atormentado cuando ni siquiera la enana de un circo (April Kent) es capaz de reconfortarlo.
nov
Clint Eastwood deja la interpretación
Leo por ahí una noticia que me causa cierto déjà vu: Clint Eastwood asegura que Gran Torino, película que llegará a España el 20 de febrero, ha sido su último trabajo como actor. Que lo deja. Que los 66 films que lleva a cuestas, los 78 años que ha cumplido y el medio siglo interpretando papeles, le han hecho decir basta. “Uno siempre quiere retirarse en lo más alto”, dice Eastwood: “No quiero ser el boxeador que se queda demasiado tiempo en el ring.”
Curioso que es uno, he indagado cuál fue la primera película de Eastwood como actor. Agarraos: La venganza del monstruo de la Laguna Negra (1955). La dirigió uno de los míticos de la ciencia-ficción de aquella época, Jack Arnold, y Eastwood tiene un pequeño rol no acreditado como un torpe asistente de laboratorio que no sabe contar ratones. Y arriba tenéis el vídeo que lo demuestra. Cuidado, que se os puede caer un mito.
En fin; luego llegarían Monco, Harry Callahan, Philo Beddoe, el sargento Thomas Highway, Bill Munny, Frankie Dunn y tantos otros. Su último personaje va a ser Walt Kowalski, veterano de la guerra de Corea. Eso sí, que conste en acta: no ha dicho en ningún momento que vaya a dejar el cine. Aquí hay uno que seguirá esperando su cita anual con el director Eastwood. Por mucho tiempo.
Vía | Yahoo!




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