Ago
‘Nacida para el mal’ (1950)
Cuatro años tardó la RKO en sacar adelante el rodaje de ‘Nacida para el mal’. En 1946 compró los derechos de la novela de Anne Parrish y adjudicó los roles protagonistas a Joan Fontaine, Henry Fonda, John Sutton y Marsha Hunt. Pero, poco después, el proyecto fue cancelado. Se recuperó en 1948 bajo el título de ‘Bed of Roses’, esta vez con Barbara Bel Geddes en el papel principal; sin embargo, Howard Hugues intercedió contra ella y prefirió esperar dos años más, hasta que Joan Fontaine volvió a quedar libre. El resultado fue una película con buenas interpretaciones, algunas escenas meritorias y una pulcra dirección de Nicholas Ray pero, a su vez, con una evidente falta de intensidad dramática y con una crispante indefinición general.
Asumiendo un poco el papel de la lagarta Anne Baxter en ‘Eva al desnudo’, Joan Fontaine da vida a Christabel Caine, una joven que ha crecido agarrada a las faldas de su tía Clara (Virginia Farmer) tras quedarse huérfana. Es una criatura hermosa y dulce para todo el mundo. Por ello, su prima Donna (Joan Leslie) no ve ningún peligro en el hecho de que se mude a su casa mientras se adapta a su primer trabajo: taquígrafa de la editorial de su tío John (Harold Vermilyea). Pero la pícara sonrisa de Christabel no pasa desapercibida para el escritor Nick Bradley (Robert Ryan), el cual está convencido de que bajo esa apariencia angelical existe una mujer ambiciosa y egoísta que hará lo necesario por escalar hacia el éxito en menos que canta un gallo.
El plan de Christabel consiste en sembrar la semilla de la discordia entre Donna y su prometido, el millonario Curtis Carey (Zachary Scott). Con sus modales aniñados y su lengua afilada, Christabel se va metiendo en el bolsillo a Curtis mientras Donna se muestra cada vez más dudosa respecto a su próximo matrimonio. Nick, un hombre cínico y esnob, de los que siempre mira a los demás por encima del hombro, sabe cuál es la estrategia que está empleando esa víbora rubia… Pero no la delata porque está enamorado de ella y, además, Christabel parece corresponderle.
Jul
Olivia de Havilland habla de casi todo en una nueva entrevista
Escasean las entrevistas a los supervivientes del cine clásico, por eso recibimos como caída del cielo la que Olivia de Havilland ha concedido al diario británico The Telegraph y de la que se ha hecho eco la Agencia EFE en España. No olvidemos que la única actriz protagonista de Lo que el viento se llevó (1939) que permanece con vida acaba de cumplir 93 años y que se jubiló hace más de dos décadas.
Los titulares de la entrevista se los lleva su romance con Errol Flynn. Antes de morir, el actor dejó escrito en su autobiografía el amor imperecedero que sentía por ella y que no fue correspondido del todo. Ahora sabemos por qué. Olivia confirma que tuvo un affair con Errol y que se sentía “muy atraída” por él, sin embargo le advirtió que no continuarían adelante “mientras él siguiese con su esposa Lili”.
Suponemos también que De Havilland, temperamental por naturaleza, no estaba dispuesta a dejarse tomar por el pito del sereno de Flynn, mujeriego por excelencia de Hollywood, un bala perdida que podía cambiar de amor eterno igual que uno se cambia de calcetines. Poco después de abandonarle, De Havilland inició una relación con James Stewart y eso provocó los celos de Errol, con quien estaba rodando la película Camino de Santa Fe (1940).
En la entrevista para The Telegraph, De Havilland profundiza en los secretos de Lo que el viento se llevó, asegurando que “todos pensaban que sería un colosal fracaso y la prensa y todo Hollywood estaban aburridos mucho antes de terminar el rodaje”. Además, recuerda su lucha por los derechos de los actores de cine, cimentada en la demanda que presentó (y ganó) a la Warner Bros.
Sep
BSO: ‘Rebeca’, de Franz Waxman
El polaco Franz Waxman fue uno de los grandes compositores del Hollywood clásico. Obtuvo diez nominaciones al Oscar y ganó dos estatuillas, por El crepúsculo de los dioses (1950) y Un lugar en el sol (1951). Rebeca se quedó sin el premio gordo por culpa de Pinocho, pero sin duda también habría merecido llevarse el galardón. En este vídeo quedan resumidas la historia y la banda sonora del primer film de Hitchcock en Estados Unidos, allá por 1940. Empieza con una fanfarria de mal agüero y encadena con un violín que se torna más romántico y misterioso hacia el final, justo antes de que Joan Fontaine pronuncie las mágicas palabras que abren la película: “Anoche soñé que volvía a Manderley…”





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