jun
James Arness, la ley del revólver
Este viernes nos dijo adiós James Arness, un actor poco conocido fuera de Estados Unidos pero que tuvo el honor de protagonizar la serie de acción real más longeva de la historia de la televisión americana: ‘La ley del revólver’ (‘Gunsmoke’, 1955-1975). De hecho fue la serie más larga incluyendo los dibujos animados hasta que, en 2010, fue superada por ‘Los Simpson’. Ambientada en Dodge City, Kansas, se emitieron 233 episodios de 30 minutos de duración y otros 402 episodios de una hora. Arness encarnó en todos ellos al ‘marshall’ Matt Dillon.
Nacido el 26 de mayo de 1923 en Minneapolis, James Arness era el hermano mayor de Peter Graves, al que despedimos hace un año y pico. Durante la Segunda Guerra Mundial quiso enrolarse en el ejército de aviación pero, para su desgracia, era tan alto que no cabía en los cazas de combate (medía 1,98 m). Fue un notable soldado de a pie, pero su carrera militar se vio truncada al ser gravemente herido en Anzio. Tras recuperarse, siguió el consejo de su hermano: se apuntó a clases de dicción y se hizo un nombre como ‘disc jockey’ radiofónico.
Poco después, Arness emigró a Hollywood en busca de oportunidades en la Meca del Cine. Fue contratado por la RKO y debutó interpretando al hermano de Loretta Young en ‘Un destino de mujer’ (H.C. Potter, 1947). En 1948 contrajo matrimonio con Virginia Chapman, madre de sus tres hijos, de la que se divorciaría en 1963.
Tras salir en varias películas de ciencia ficción de serie B como ‘El enigma de otro mundo’ o ‘La humanidad en peligro’, Arness tuvo un encuentro crucial para su futuro profesional. Un tal John Wayne le vio actuar y quedó impresionado porque pensaba que tenía un porte ideal para hacer de sheriff. Así que le recomendó para ser el protagonista de ‘La ley del revólver’. Arness le dio muchas vueltas: sabía que lanzarse de esa manera a la televisión era decir prácticamente adiós a sus opciones en el cine. Pero al final siguió el consejo de Wayne, y fue lo mejor que pudo haber hecho. En 1988 homenajeó al Duque interpretando su personaje de ‘Río Rojo’ en una TV-movie.
A Arness, que tenía 88 años, le sobreviven dos de sus hijos; la tercera, Jenny Lee, se suicidó en 1975. También sigue viva su segunda esposa, Janet Surtress. Descanse en paz.
Vía | IMDb
abr
El parche de John Wayne en ‘Valor de ley’ sale a subasta
Varios de los objetos que reunió John Wayne durante el rodaje de ‘Valor de ley’ saldrán a subasta del 3 al 6 de octubre de 2011 en Los Ángeles. Entre los artículos se encuentran el famoso parche del marshall Cogburn y el Globo de Oro que ganó Wayne por su magistral interpretación.
Son sin duda los dos artículos más llamativos de la subasta, pero en ella también se incluirán otros tan curiosos como su carné de conducir, su pasaporte, su tarjeta de crédito American Express, guiones con anotaciones a mano y hasta unas cuantas botas y sombreros, para que el ganador de la subasta pueda lucirlos a juego con el parche en un paseo a caballo durante la puesta de sol (por ejemplo).
Es la propia familia de Wayne quien ha impulsado la subasta, pero no porque necesiten sacar dinero. Según su hijo Ethan, todas estas reliquias estaban olvidadas en un almacén, empaquetadas y criando polvo; y como John quería a sus fans tanto como a su familia, han pensado que sería una buena manera de honrar su memoria. Dicho lo cual, no ha trascendido adónde irá a parar el dinero recaudado.
La empresa organizadora de la subasta, Heritage Auctions, se frota las manos y asegura que cada artículo (en particular, el parche) podría venderse por cifras de hasta 50.000 dólares. Se espera que pujen por ellos tanto coleccionistas de cine como fans de John Wayne y simples curiosos. Si os apetece intentarlo, sabed que el precio de salida de cada objeto será de 100 dólares… aunque esa cifra, lógicamente, se superará en menos que dispara un revólver.
Vía | Estamos Rodando
dic
‘Valor de ley’ (1969)
Del aluvión de remakes de películas clásicas que nos esperan en los próximos meses, hay una que destaca especialmente por el apellido de sus directores: los hermanos Coen. Sólo por el hecho de habernos regalado obras maestras como ‘Fargo’ (1996), ‘El gran Lebowski’ (1998) o ‘No es país para viejos’ (2007), merece la pena confiar en lo que hayan podido hacer con ‘Valor de ley’, uno de los westerns crepusculares de John Wayne. En la nueva versión será el genial Jeff Bridges quien asuma el papel protagonista, secundado por Matt Damon, Josh Brolin y Hailee Steinfeld.
Los biógrafos de Wayne aseguran que el actor quiso comprar los derechos de la novela de Charles Portis en cuanto tuvo la ocasión de leerla. Sin embargo, Hal B. Wallis y Joseph H. Hazen se le adelantaron y no tuvo más remedio que conformarse con encarnar al antihéroe de la historia, un marshall gordo, sucio, grosero y tuerto llamado Rooster Cogburn. En el afán de Wayne por interpretar este papel había un claro sentimiento de empatía: Rooster, como él, era pragmático por naturaleza y defendía que el fin justificaba los medios.
Pero Charles Portis había incluido en la novela a un personaje que no tenía miedo a Rooster, que se enfrentaba a él con el uso de la razón, que era valiente y decidido. El personaje era una rebelde niña de 14 años: Mattie Ross. Es ella quien acude a Rooster con el objetivo de contratarle para que busque y encuentre a Tom Chaney (tremendo Jeff Corey), el asesino de su padre. La elección de Portis no pudo ser más acertada, porque Mattie rebaja los humos de Rooster hasta el límite de lo creíble, lo humaniza y lo aleja del trasnochado arquetipo del marshall que está de vuelta de todo. Por cierto que, al parecer, la joven actriz que encarnó a Mattie (Kim Darby) también fue un quebradero de cabeza para Wayne detrás de las cámaras, donde se comportó con los aires de una diva. Eso sí, nada que objetar a su interpretación, resuelta y decidida, mejorada por ese look a lo chico (sin que tengan mucho que ver, recuerda a la Scout de ‘Matar a un ruiseñor’).
oct
‘El Álamo’ (1960)
La batalla del Álamo pasó a formar parte de la mitología estadounidense desde el mismo momento en que terminó. En una nación que exalta los valores heroicos, el patriotismo y el convencimiento de que nada es imposible, la resistencia de un puñado de texanos frente al poderoso ejército mexicano entre el 23 de febrero y el 6 de marzo de 1836 ha servido como referencia en contiendas bélicas posteriores. Los hechos se convirtieron en leyenda. Y eso es lo que filmó John Wayne en su primera película como director. Pudo hacer una recreación exacta de lo que ocurrió en el pequeño poblado de San Antonio de Béjar; y, en parte, lo hizo, como veremos a continuación.
Pero Wayne también quería sacudir las conciencias de una sociedad que se dejaba arrastrar por nuevas ideas y olvidaba a pasos agigantados cómo se había forjado la historia del país. Así que hinchó su pecho con orgullo, se llevó la mano al corazón y siguió la máxima de su mentor, John Ford: “Cuando la leyenda se convierta en un hecho, imprime la leyenda.”
De ‘El Álamo’ se podrá criticar su falta de rigor histórico, pero si nos ceñimos al producto puramente cinematográfico, el resultado es intachable. Wayne gastó toda su fortuna -12 millones de dólares- en un proyecto que tardó más de una década en sacar adelante y que le dejó al borde de la ruina. Su equipo pasó más de un año en la zona donde se había desarrollado la contienda y construyó unos decorados impresionantes.
También procuró tener a mano toda la documentación posible para uniformar a los personajes, armarles y emplear las tácticas que utilizaron para atacar y defenderse. Encargó a Dimitri Tiomkin la confección de una banda sonora que pasaría por méritos propios a la historia del cine, encabezada por la inolvidable ‘The Green Leaves of Summer’. Las secuencias de acción que dirigió están a la altura de las mejores de John Ford, y además dotó de personalidad al enemigo para huir, en la medida de lo posible, del maniqueísmo. Todo eso hizo Wayne la primera vez que ocupó la butaca de director, regalándonos un film entretenidísimo que resiste el paso del tiempo con fortaleza.
oct
Por qué me gusta el cine clásico
Hoy no voy a hablar de ningún tema de actualidad relacionado con el cine clásico. Tampoco voy a criticar -para bien o para mal- ninguna película. Ni a biografiar a la estrella de turno que nos ha abandonado a los ochenta y tantos. Ni a comentar los estrenos en DVD para el mes de octubre, cosa que ya debería haber hecho. Ni voy a rescatar una foto de los años cuarenta para analizar en detalle el gesto de aquel actor, la mirada de aquella actriz, la orden de aquel director. No, tampoco. Escribir en este blog es un placer y, a veces, también un desahogo. Así que hoy, un lunes con más nubarrones de los que se han visto en el cielo, me tomo la licencia de explicaros por qué me gusta el cine clásico; pregunta que todos los que me conocéis personalmente me habéis hecho alguna vez.
Para empezar, me gusta el cine. Todo el cine. Las películas pueden ser excelentes, buenas, pasables, malas u horribles sin importar el nombre del director, el reparto, el país donde se ha rodado, el presupuesto con el que ha contado o el año de su estreno. Con esto quiero decir que también en la llamada época clásica del cine -para abreviar: desde la aparición del sonido en 1929 hasta la caída de las ‘majors’ a finales de los cincuenta- se hicieron malas películas. Decir lo contrario es practicar un esnobismo ridículo. Sería como adorar a David Lynch por haber rodado el plano fijo de una mierda de perro durante 120 minutos. Aunque estoy seguro de que algún enfermo le aplaudiría por el mero hecho de ser David Lynch o por el morbo de ir contra la opinión mayoritaria de la gente.
Por lo tanto, decir que “ya no se hacen películas como las de antes” o que “el mejor cine es en blanco y negro” es una soberana gilipollez. La cartelera actual rezuma basura por doquier, pero al cabo del año hay una docena de películas que merecen el sobresaliente y que no desentonarían en un ranking histórico al lado de ‘Lo que el viento se llevó’ o ‘Ciudadano Kane’. Mi pasión por el cine clásico -una amiga me dijo este fin de semana que ya no lo puedo llamar hobby porque le dedico demasiado tiempo- viene dada por la calidad de sus películas, sí, pero también por otro modo de trabajar, de dirigir, de actuar, de producir, de sonorizar, de escribir, de montar, de fotografiar y hasta de sentir, que no se estilan en el séptimo arte desde hace varias décadas. La diferente manera de ensamblar todas estas características es lo que otorga al cine clásico un aura especial y mágico que me mantiene pegado a la pantalla desde el primer fotograma y rara vez me provoca aburrimiento.
Supongo que gran parte de esa pasión -a ver si interiorizo el término de una vez- se debe a una curiosidad nada disimulada por saber cómo se hacían las películas en el pasado, pero también por comprender por qué se hacían así. Como muchos sabéis, me aficioné al cine clásico a través de los hermanos Marx. Ver a esos hombrecillos saltando de aquí para allá en una copia defectuosa de ‘Sopa de ganso’ no sólo me divirtió; también hizo germinar en mí el deseo por saber más; por descubrir, por ejemplo, por qué después de cada gag había una especie de pausa que cortaba el ritmo del film (era para que la gente se riera a gusto y llegara a tiempo de oír el chiste siguiente).
may
Píldoras de cine clásico (I)
Como últimamente no hay demasiadas noticias de actualidad de cine clásico -y no es ningún anacronismo- ni tampoco tengo tiempo de ver o revisar películas para escribir críticas -siempre lo hago, para tener la memoria fresca cuando me pongo delante del ordenador- este lunes voy a optar por la opción de las píldoras: breves apuntes sobre cositas interesantes que he leído tanto en la red como en otros medios y que también a vosotros os pueden interesar. ¡Al menos eso espero!
1. Estoy leyendo ‘La tienda’, de Stephen King. Y me está gustando mucho. King es un escritor de talento, aunque lo tachen de comercial desde algunos círculos puristas, como si vender libros estuviera reñido con la calidad. Pues bien, en uno de los capítulos de ‘La tienda’ me he encontrado con que varios personajes aluden a una película clásica que se emite un domingo por la tarde en las televisiones de Castle Rock: ‘La hora final’. Ya os hablé de ella en el antiguo Plumas. Gregory Peck, Ava Gardner, Fred Astaire y Anthony Perkins se enfrentan a la aniquilación de la humanidad tras un desastre nuclear. Curioso y notable film que recuperaremos algún día.
2. Nu, haciendo honor al nombre de su blog, no para quieta (cosa que le agradezco) y me envía un divertido reportaje de la web Cineol.net titulado: ’10 actores escogidos por un ciego’. Es decir, monumentales errores de casting que han pasado a la historia oscura del séptimo arte. Entre ellos aparecen dos de películas clásicas: Mickey Rooney en ‘Desayuno con diamantes’, donde encarna a un japonés sin gracia y totalmente fuera de lugar; y John Wayne en ‘El conquistador de Mongolia’, uno de los peores trabajos de El Duque, en un rodaje marcado por las pruebas nucleares que se realizaron a escasos kilómetros de distancia y que provocaron que parte del equipo enfermara de cáncer.
3. Por último, os recomiendo el reportaje sobre las diez mejores bandas sonoras de Elmer Bernstein que ha escrito Jesús León en Blogdecine.com; cada una con su respectivo vídeo o audio para que, además de leer sobre ellas, podamos escucharlas. ‘El hombre del brazo de oro’, ‘Los diez mandamientos’, ‘Los siete magníficos’, ‘La gran evasión’, ‘Matar a un ruiseñor’… Son tantas y tantas las excelentes partituras que nos dejó Bernstein que se perdona la ausencia de la única que le hizo ganar el Oscar: ‘Millie, una chica moderna’ (1967).
mar
Centenario de Claire Trevor
Teníamos pendiente desde el lunes el centenario de otra actriz del cine clásico: Claire Trevor. Rubia, de raíces francesas e irlandesas y con una voz rasgada que fue su sello característico en los ‘film noir’ que protagonizó en la década de los cuarenta, supo interpretar a mujeres de carácter, difíciles y peligrosas, con una solvencia extraordinaria. No es extraño que Joan Crawford la quisiera como oponente en ‘Johnny Guitar’. Seguro que lo habría hecho tan bien como Mercedes McCambridge.
Claire Wemlinger nació en la Quinta Avenida de Nueva York el 8 de marzo de 1910. Tuvo una infancia relativamente cómoda y, cuando su padre se quedó sin trabajo por culpa de la Gran Depresión, ella lo compensó convirtiéndose en una de las actrices mejor pagadas de los años treinta. Estuvo a sueldo de la Warner Bros. y -para que veáis si tenía caché- lideró el reparto de ‘La diligencia’ por delante de John Wayne; por tanto, cobró bastante más. En este famoso western de John Ford, Trevor encarnó a una bailarina que buscaba el amor en los sórdidos locales nocturnos del Salvaje Oeste. En su química con Wayne residió gran parte del éxito de la película.
Como apuntábamos al principio del post, en los cuarenta se especializó en ‘femme fatale’ al intervenir en grandes películas del género criminal como ‘Historia de un detective’ (Edward Dmytryk, 1944) o ‘Cayo Largo’ (John Huston, 1948). De ésta última destaca la escena en que es humillada por el gángster que interpreta Edward G. Robinson, el cual la obliga a cantar ‘a capella’ una canción titulada ‘Moanin’ Low’. La credibilidad de Trevor le aupó al Oscar a la Mejor Actriz de Reparto, única estatuilla que ganó en toda su carrera, si bien también obtuvo nominaciones por ‘Dead End’ (1937) y ‘Escrito en el cielo’ (1954). Además, en 1957 se llevó el Emmy por su participación en el episodio ‘Dodsworth’ de la serie ‘Producer’s Showcase’.
La televisión y el teatro fueron sustituyendo paulatinamente las apariciones de Trevor en la gran pantalla, hasta su retirada definitiva a mediados de los ochenta. Pero su compromiso con las artes escénicas la llevaron a ella y a su tercer marido (Miton H. Bren) a donar 10 millones de dólares a la Escuela de Arte Dramático de la Universidad de California. Cuando Claire murió en Newport Beach el 8 de abril de 2000, a los 90 años, la Escuela se rebautizó con su nombre. Actualmente, la institución alberga en sus vitrinas el Oscar de ‘Cayo Largo’ como recuerdo de una actriz que se mostró siempre dura como una roca.
feb
Don Siegel será objeto de una retrospectiva en San Sebastián
El mismo día en que arranca la 60ª edición de la Berlinale, hablamos de una noticia relativa al próximo Festival de San Sebastián, que se celebrará del 17 al 25 de septiembre -parece que sin los agobios económicos del año pasado. El certamen donostiarra va desvelando poco a poco su programación y ya ha confirmado a quién dedicará una de las dos retrospectivas clásicas. El homenajeado no es otro que Don Siegel, el director que renovó el cine policíaco de los 60 y 70 y que, de paso, impulsó la carrera artística de un tal Clint Eastwood.
Nacido en Chicago -ciudad sin ley- en 1912, Siegel perteneció a la llamada “generación de la violencia”, compuesta por un grupo de directores que preferían las líneas rectas, la crudeza de los relatos y los ritmos enérgicos e impactantes; léase Robert Aldrich, Samuel Fuller, Richard Brooks, Richard Fleischer o Nicholas Ray. Para definir su contundente estilo cinematográfico, a Siegel le ayudó su larga experiencia como montador de la Warner Bros., participando en la edición de ‘Los violentos años 20′ (1939) o ‘Murieron con las botas puestas’ (1941). Luego dirigió cine negro, westerns e incluso una joya de la ciencia ficción de serie B como ‘La invasión de los ladrones de cuerpos’ (1956).
Sin embargo, fue a partir de los sesenta cuando terminó de inscribir su nombre en los libros de historia del cine; como decíamos, gracias al género policíaco, al que dotó de una perspectiva más descarnada. Valgan como ejemplo ‘Código del hampa’ (1964) o ‘Madigan’ (1968). Ese mismo año conoció a Clint Eastwood, al que inmortalizó en ‘La jungla humana’ (1968), ‘Dos mulas y una mujer’ (1971), ‘El seductor’ (1971), ‘Harry, el sucio’ (1971) y ‘Fuga de Alcatraz’ (1979). Por si fuera poco, entre medias tuvo tiempo para rodar la emotiva despedida de John Wayne: ‘El último pistolero’ (1976).
“Él me animó a que dirigiera y yo le animé a ser actor… Yo creo que si hay algo que verdaderamente aprendí de Don Siegel es a saber lo que quieres rodar y a saber qué estas viendo cuando lo ves; y eso es algo que no he visto muchas veces en todos estos años”, reconoce Clint Eastwood. Si él lo dice, no hay más que discutir: la primera retrospectiva clásica de San Sebastián está justificada. ¿Cuál será la segunda?
Vía | Web oficial del Festival de San Sebastián
oct
Estrenos en DVD: Los siete magníficos de la 20th Century Fox
Bette Davis, Cary Grant, Gene Tierney, Gregory Peck, John Wayne, Paul Newman y Tyrone Power (esto sí que es un ‘Dream Team’ y no lo del Barça), fueron siete de las estrellas del cine clásico que en algún momento de sus carreras trabajaron en películas distribuidas por la 20th Century Fox, películas que ahora salen a la venta en siete packs exclusivos. Los analizamos uno a uno y te damos las claves para que decidas si vale la pena gastarse los euros.
Pack Bette Davis: El exotismo (4 discos + 1 libro de citas, 30 €). Para empezar no convence demasiado el subtítulo que le han puesto. Y para continuar, solo incluye una película que realmente se gana el adjetivo de imprescindible: Eva al desnudo. También están Canción de cuna para un cadáver, A merced del odio y Un gángster para un milagro, pero solo para incondicionales de la Davis… Y es que la mayoría de sus mejores films los rodó para Warner Bros. Calificación: Aprobado, por obra y gracia de Margo Channing.
Pack Cary Grant: La elegancia (6 discos + 1 libro de citas, 40 €). Aquí el subtítulo es mucho más ajustado pero poco original. Obviamente no están los thrillers de Hitchcock ni las comedias con Katharine Hepburn, así que el conjunto baja de nivel: Tú y yo (que tiene sus adeptos pero yo no la soporto), Me siento rejuvenecer, Orgullo y pasión, Murmullos en la ciudad, La mujer del obispo y Bésalas por mí. Cary, te han dejado con lo puesto. Calificación: Aprobado, porque da pena suspenderle y porque la relación número de discos / precio es aceptable.
Pack Gene Tierney: La perfección (6 discos + 1 libro de citas, 40 €). No hay excusas. Si eres devoto de la Tierney y aún no tienes ninguna de estas películas, estás tardando en reservar el pack: Laura, El filo de la navaja, El hijo de la furia, El fantasma y la señora Muir y Que el cielo la juzgue son cuatro obras de arte, que encima vienen acompañadas por la exótica Sinuhé, el egipcio. Realmente el subtítulo hace justicia a su contenido. Calificación: Excelente. Y olvidé decir que regalarse la vista con Gene Tierney es uno de los grandes placeres de los amantes del cine clásico.
mar
Los hermanos Coen proyectan hacer un remake de ‘Valor de ley’
Los hermanos Coen tampoco escapan a la fiebre de los remakes. Según informa la revista Variety, su próximo proyecto será versionar el western Valor de ley (1969), que sin ser de los mejores de John Wayne, sí fue el único que otorgó el Oscar al actor estadounidense. Seguro que algo tuvieron que ver su parche en el ojo y su buen trabajo, pero también el hecho de que los años iban pasando y la Academia no quería que Wayne se retirara sin una estatuilla a la que sacar brillo.
Valor de ley trata sobre un sheriff tuerto que ayuda a una chica de 14 años de lo más rebelde a atrapar y ajusticiar a los asesinos de su padre. Todo ello a partir de un relato escrito por Charles Portis. En esta ocasión los Coen cambiarían el punto de vista de la historia y lo centrarían en la adolescente que fue encarnada por Kim Darby. Recordemos además que esta película contaba con dos secundarios de nivel: Robert Duvall y Dennis Hopper. Dirigió Henry Hathaway.
Como es habitual, serán los propios Coen quienes escribirán el guión, toda vez que ya han finalizado el rodaje de la comedia A serious man, que se estrenará el próximo otoño. Hombre, aunque no deje de ser un remake (o una segunda adaptación de una novela, para ser exactos), uno se queda más tranquilo sabiendo que son los Coen y no Michael Bay quien está detrás de las cámaras. Además, el enfoque seguro que tendrá su sello personal. Y de paso, a ver si ayudan a revitalizar el western, siguiendo el camino de El tren de las 3:10 y Appaloosa.
Vía | 20 minutos (gracias, Nu)





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