feb
El ascenso y la caída de las estrellas de Hollywood (1936-1945)
Sé que el cuadro que encabeza este post puede resultar algo caótico a simple vista, pero os animo a que hagáis clic encima y lo miréis con detalle. Es un gráfico de los diez actores más taquilleros de Hollywood entre los años 1936 y 1945. Y como suele ser habitual, la cantidad está reñida con la calidad, ya que los primeros puestos del ranking corresponden a intérpretes de talento limitado, como por ejemplo Shirley Temple, Betty Grable o la pareja formada por Abbott y Costello.
Como bien apuntan en Blogdecine, sorprende la ausencia de pesos pesados de la época como Cary Grant, John Wayne o Katharine Hepburn. De ésta última ya sabemos que era “veneno para la taquilla”. De Wayne podríamos aducir que sólo había protagonizado una de sus grandes películas -La diligencia (1939)- y que habría que esperar hasta los cincuenta para que se convirtiera en un mito. Más inexplicable resulta lo de Grant, que en esa época estrenó Historias de Filadelfia (1940), Serenata nostálgica (1941) o Arsénico por compasión (1944).
Clark Gable y Spencer Tracy son los dos actores más regulares de un ranking que, por muy trivial que nos parezca, era mirado con lupa por las productoras para elegir quién era el mejor candidato para sus películas. Si se hiciera ahora veríamos en los primeros puestos a Will Smith, Johnny Depp, Leonardo DiCaprio, Brad Pitt o Angelina Jolie. Seguro.
Vía | Blogdecine
ene
Kim Novak, Christopher Lee y más western en DVD
Semana con propuestas para todos los gustos en el mercado de cine clásico en DVD. La actriz que acapara la mayoría de los títulos que se ponen a la venta es Kim Novak, de la que podremos disfrutar en tres películas muy diferentes.
En La casa número 322 (1954) Novak interpreta a la novia de un ladrón de bancos que se ve seducida por el policía Paul Sheridan (Fred MacMurray). En La historia de Eddy Duchin (1956) es la esposa de Tyrone Power, el cual encarna a un famoso pianista de Nueva York en los años treinta y cuarenta. Y en la onomatopéyica Phffft! asiste como invitada de lujo al cómico divorcio protagonizado por Jack Lemmon y Judy Holliday. Ninguno de los DVDs incluye extras destacables. Podéis encontrarlos a un precio aproximado de 12 euros.
Los amantes del cine de terror y más concretamente de Christopher Lee, están de enhorabuena. Sony Pictures ha editado dos DVDs en los que Lee ejerce de protagonista. En uno de ellos, La leyenda de Vandorf (1964) comparte pantalla con Peter Cushing para descifrar el misterioso enigma de una ciudad cuyos habitantes se están convirtiendo en piedra. El otro es una de las adaptaciones más conocidas del clásico literario Las dos caras del doctor Jekyll (1960), si bien aquí el doble papel principal corresponde a Paul Massie. Ambos films están dirigidos por Terence Fisher. De nuevo ediciones ‘a pelo’ a 12 euros la unidad.
Por último, tres recomendaciones que se enmarcan en el género western: El salario de la violencia (1958), en la que Van Heflin se mete en la piel de un ranchero con malas pulgas que favorece a su hijo mayor (James Darren) en detrimento del menor (Tab Hunter). En segundo lugar, Los cautivos (1957), o el secuestro que viven Randolph Scott y Maureen O’Sullivan a bordo de la diligencia en la que viajaban. Y en tercer lugar, el interesante pack que ha editado Paramount en honor de John Wayne, con títulos del calibre de Río Lobo, Valor de ley, El Dorado y El hombre que mató a Liberty Valance.
Vía | ZonaDVD
ene
‘Centauros del desierto’ (1956)
Lírica, polémica, bella, racista, sobrevalorada, magnífica… Estos son algunos de los adjetivos que he leído en otras críticas sobre Centauros del desierto. Y no os dejéis engañar por la elevada puntuación media de las principales webs de cine, porque los comentarios a favor y en contra son bastante más parejos. A mí me gusta, pero desde el respeto que tengo por cualquier obra filmada por John Ford, admito sus imperfecciones. Me resisto a considerarlo el mejor western de la historia del cine, ni mucho menos la mejor película, como dijo Steven Spielberg.
Lo que sí creo adivinar es que Centauros del desierto es la mejor película de John Wayne. Y no lo aseguro porque aún no he visto su filmografía completa. El personaje de Ethan Edwards es de una complejidad fascinante. Sutil, cuando intercambia una mirada cómplice con su cuñada Martha, al entregarle el abrigo. Tierno, cuando deja que sus sobrinos se le tiren encima y les regala sus viejos recuerdos de la guerra civil. Odioso, cuando mata a discreción llevado por la ira y los prejuicios. Altivo, cuando trata a sus subordinados. Frágil, al darse cuenta de que es un inadaptado que se desprecia a sí mismo.
Tras la cámara, se nota la mano de John Ford. La secuencia inicial del ataque indio, que motiva la incensante búsqueda de la pequeña Debbie por parte de Ethan, es memorable. Sin mostrar una sola imagen de violencia, Ford crea una atmósfera inquietante con la luz crepuscular, el silencio del desierto, la histeria repentina de la familia y ese reflejo del horizonte que pone los pelos de punta. No vemos nada más tras el rapto de Debbie, hasta que llega Ethan y encuentra el lugar arrasado, encendiendo la mecha de su odio. Cuando se habla del lirismo de esta película, hay que hablar de esta escena tanto como de los planos enmarcados de Wayne que abren y cierran la historia.
oct
Go West
El próximo 21 de noviembre se estrena Appaloosa, un western escrito, dirigido y protagonizado por ese ‘animal’ del cine llamado Ed Harris. Un título peculiar que ha provocado la extrañeza de un compañero de trabajo, el cual me ha preguntado de qué va la película. “Del Oeste”, he contestado, y al oir la palabra maldita ha resoplado, exclamando: “¿Pero eso no está pasado de moda?”.
Para ser sinceros, no es la primera vez que me encuentro con esta reacción y seguro que no será la última. Es más, yo mismo tenía ciertas reservas a la hora de enfrentarme al western, un género que a fuerza de escucharlo en boca de mis padres, de las parodias que ha sufrido en las últimas décadas, de las caricaturas que se han fabricado sobre John Wayne y compañía, incluso del (necesario) bombardeo de los grupos antirracistas contra el genocidio indio, se me había atragantado antes de conocerlo. Como todo en esta vida, es cuestión de quitarse los prejuicios y separar el grano de la paja. Porque el western no es un género plano con un molde que se usa película tras película; afortunadamente, genios como John Ford, Fred Zinnemann o Anthony Mann vieron más allá de la esquemática idea de indios (malos) y vaqueros (buenos) para crear grandiosas historias de amor, odio y redención. Algo que no sabía -y que ahora me avergüenza reconocer- es que también existen westerns… ¡sin indios! Algunos, como Solo ante el peligro o El tren de las 3:10, llegaron a causar preocupación en la paranoica América profunda por su mensaje supuestamente comunista. Otros supieron combinar el drama, la acción y la psicología de los personajes con guiones tejidos a conciencia. John Wayne, por cierto, encarnó a dos de los amantes más sufridos que ha parido el cine: el Ethan Edwards de Centauros del desierto y el Tom Doniphon de El hombre que mató a Liberty Valance.
oct
Las mejores parejas de la historia
Con motivo del estreno de Asesinato justo, que protagonizan Robert de Niro y Al Pacino, The Times ha publicado un informe sobre las 20 mejores parejas de la historia del cine. No se limita a actores, sino que también habla de directores, productores y otros miembros de los créditos de cualquier película. Esto de las listas es muy subjetivo, pero en Plumas de Caballo nos hacemos eco porque cuatro de las cinco primeras parejas pertenecen al periodo clásico. Saltándonos el binomio formado por George Lucas y Dennis Muren, que ocupan el tercer puesto, la clasificación está encabezada por:
5. Marilyn Monroe y Lee Strasberg: a juicio de The Times, la rubia platino acertó de lleno al apuntarse a las clases que impartía el inventor del Método, que redefinió su estilo de actuación en los años previos a los grandes taquillazos de Marilyn.
4. Robert Redford y Paul Newman: inventores del concepto de química en la gran pantalla. No sólo por guapos, sino por buenos actores. Ahí quedan obras del calibre de Dos hombres y un destino (1969) o El golpe (1973).
2. John Ford y John Wayne: el Oeste, Estados Unidos. Así de grandes eran Ford y Wayne. Tanto como su leyenda. Desde La diligencia (1938) hasta El hombre que mató a Liberty Valance (1961), pasando por la imperecedera Centauros del desierto (1956).
Y, por último…
sep
Fumar era un placer
Qué habría sido del cine sin el tabaco. Era un elemento indispensable en las películas clásicas. Ahora no tanto; incluso hay quien apuesta por eliminarlo para no pervertir a los jóvenes cinéfilos (en cambio, estos membrillos no se preocupan por liquidar ‘grandeshermanos’ ni ‘triunfitos’). El cine negro de los cuarenta olía a tabaco. También el western. Cualquier estrella debía tirar un pitillo con destreza, como lo hacían Bogart, Wayne o Davis, o sujetarlo con la comisura de los labios, igual que Mitchum. Qué de humos había en algunos films de Fritz Lang, véase M, el vampiro de Düsseldorf. Pero está claro que no todo se debía a la magia de la nicotina; detrás, muchas veces, había intereses puramente económicos. Montones de dinero. Un negocio que satisfizo a la industria del cine y a las tabacaleras. Y las estrellas fumaban unas determinadas marcas. Y las anunciaban por la radio. Y, según el estudio que acaba de publicar Tobacco Control, ello repercutió en los pulmones de millones de espectadores embaucados por el influjo del cigarrillo.
Tobacco Control | Signed, sealed and delivered: “big tobacco” in Hollywood, 1927-1951
Vía | El rayo que no cesa

















