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25 años sin oir el berrido de Tarzán
Hoy se cumplen 25 años de la muerte de Johnny Weismüller, el Tarzán más famoso de la historia del cine y atleta de primer nivel. Empezó a nadar por recomendación de su médico y se lo tomó tan en serio que ganó cinco medallas de oro en dos Juegos Olímpicos. Además, fue el primer ser humano capaz de nadar los 100 metros libres en menos de un minuto. Pero, proezas deportivas al margen, vamos a repasar su contribución al mundo del cine; la cual, tampoco nos engañemos, no fue más allá del rey de la selva.
Weismüller se ganaba la vida como modelo de bañadores y ropa interior cuando un guionista de la MGM se fijo en él y lo propuso para el rol de Tarzán; así fue su debut en el cine, allá por 1932, si bien antes ya había hecho algún cameo sin importancia. La película funcionó bien en taquilla, Johnny demostró tener química con Maureen ‘Jane’ O’Sullivan y la mona Chita, y por ello rodó otros cinco films para la MGM, siempre con el taparrabos en ristre. En los cuarenta protagonizó seis películas más, pero esta vez para la RKO, que lo fichó en 1942. En total se estima que Tarzán le reportó unas ganancias superiores a los dos millones de dólares.
De entre las anécdotas que se cuentan sobre Weismüller, la más curiosa es su defensa a capa y espada del personaje que le hizo famoso, hasta el punto de asegurar que el berrido de guerra era suyo y nada más que suyo, aunque se filtró que a su potente voz le habían añadido efectos de animales y otros estruendos. Por si acaso, O’Sullivan le echó un capote y siempre afirmó que el grito de Tarzán procedía exclusivamente de las cuerdas vocales y los pulmones del actor.




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