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Los que se fueron en 2009
Tener un blog de cine clásico significa estar al día de los obituarios de los periódicos. Es ley de vida; al cabo del año fallecen muchas personas, bastantes de ellas relacionadas con la edad dorada del séptimo arte. En Plumas de Caballo intentamos llevar la cuenta de todas, pero a la hora de hacer el resumen anual nos vemos obligados a escoger solo las más relevantes. He aquí las nueve leyendas que nos dijeron adiós en 2009. Y con este post nos despedimos hasta el año que viene. Que lo paséis bien en Nochevieja y que en 2010 podáis cumplir todos vuestros sueños. ¡Salud!
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‘La cabina’ (1972), en el recuerdo de José Luis López Vázquez
Este lunes hemos dicho adiós a uno de los grandes nombres del teatro y el cine español: José Luis López Vázquez. El actor ha fallecido en su casa de Madrid a la edad de 87 años, dejando un legado de 260 películas a sus espaldas y el reconocimiento unánime de la crítica y el público a su dilatada trayectoria. Para siempre quedará en el recuerdo su vocecilla insolente, su humanidad y sus saltitos por la pantalla. Frenético, veraz, entrañable, surrealista, cualquier adjetivo sería válido para rendirle un homenaje.
De entre las numerosas y grandes películas que protagonizó José Luis López Vázquez, vamos a quedarnos con el ‘corto’ que rodó a las órdenes de Antonio Mercero en 1972 y que fue emitido por Televisión Española: La cabina. La historia, escrita por el propio Mercero con la colaboración de José Luis Garci, es puro Kafka: un hombre absolutamente normal acompaña a su hijo al autobús y después se mete en una reluciente cabina de teléfono de color rojo para hacer una llamada. Entonces, la puerta se cierra sigilosamente y le deja encerrado. Y lo que al principio es un simple cabreo se torna angustia cuando el hombre ve que ni los vecinos, ni la policía, ni los bomberos son capaces de sacarle de allí.
No es de extrañar que un ‘corto’ como La cabina ganara varios premios, entre ellos el Emmy y el de Mejor Intérprete de Televisión para López Vázquez. Crea incertidumbre desde el principio, cuando los cuatro misteriosos operarios instalan el ataúd acristalado en mitad de la plaza, con rapidez y diligencia. Y poco a poco entendemos el drama del personaje, lo terrible de su situación, a la que contribuyen los histriónicos comportamientos de quienes le rodean. La música escogida también ayuda a crear un clima de tensión, de saber que aquello no puede acabar bien aunque debiera, porque, al fin y al cabo… ¡maldita sea, solo es un hombre encerrado en una cabina!





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