May
Píldoras de cine clásico (I)
Como últimamente no hay demasiadas noticias de actualidad de cine clásico -y no es ningún anacronismo- ni tampoco tengo tiempo de ver o revisar películas para escribir críticas -siempre lo hago, para tener la memoria fresca cuando me pongo delante del ordenador- este lunes voy a optar por la opción de las píldoras: breves apuntes sobre cositas interesantes que he leído tanto en la red como en otros medios y que también a vosotros os pueden interesar. ¡Al menos eso espero!
1. Estoy leyendo ‘La tienda’, de Stephen King. Y me está gustando mucho. King es un escritor de talento, aunque lo tachen de comercial desde algunos círculos puristas, como si vender libros estuviera reñido con la calidad. Pues bien, en uno de los capítulos de ‘La tienda’ me he encontrado con que varios personajes aluden a una película clásica que se emite un domingo por la tarde en las televisiones de Castle Rock: ‘La hora final’. Ya os hablé de ella en el antiguo Plumas. Gregory Peck, Ava Gardner, Fred Astaire y Anthony Perkins se enfrentan a la aniquilación de la humanidad tras un desastre nuclear. Curioso y notable film que recuperaremos algún día.
2. Nu, haciendo honor al nombre de su blog, no para quieta (cosa que le agradezco) y me envía un divertido reportaje de la web Cineol.net titulado: ‘10 actores escogidos por un ciego’. Es decir, monumentales errores de casting que han pasado a la historia oscura del séptimo arte. Entre ellos aparecen dos de películas clásicas: Mickey Rooney en ‘Desayuno con diamantes’, donde encarna a un japonés sin gracia y totalmente fuera de lugar; y John Wayne en ‘El conquistador de Mongolia’, uno de los peores trabajos de El Duque, en un rodaje marcado por las pruebas nucleares que se realizaron a escasos kilómetros de distancia y que provocaron que parte del equipo enfermara de cáncer.
3. Por último, os recomiendo el reportaje sobre las diez mejores bandas sonoras de Elmer Bernstein que ha escrito Jesús León en Blogdecine.com; cada una con su respectivo vídeo o audio para que, además de leer sobre ellas, podamos escucharlas. ‘El hombre del brazo de oro’, ‘Los diez mandamientos’, ‘Los siete magníficos’, ‘La gran evasión’, ‘Matar a un ruiseñor’… Son tantas y tantas las excelentes partituras que nos dejó Bernstein que se perdona la ausencia de la única que le hizo ganar el Oscar: ‘Millie, una chica moderna’ (1967).
Oct
‘La censura cinematográfica en España’, nuevo libro de Alberto Gil
Si ayer hablábamos de Fraga, hoy lo hacemos de su primo hermano, el Generalísimo, y de algo que los dos pusieron en práctica con alegría: la censura. Pero, para no enervarnos más de la cuenta, nos lo tomaremos con humor, siguiendo el ejemplo de Alberto Gil en su libro La censura cinematográfica en España, que acaba lanzar Ediciones B. Se trata de un repaso exhaustivo a las películas que fueron vetadas parcial o totalmente por el franquismo.
Los comentarios de los censores no tienen desperdicio. Ellos mismos quedan en ridículo, pero lo fuerte es que sus decisiones iban a misa, sobre todo si Franco desaprobaba determinadas escenas con un repentino carraspeo (similar al que emitían nuestros padres cuando el anuncio de Fa se colaba entre los dibujos animados).
Ejemplo: Desayuno con diamantes (Blake Edwards, 1961), fue calificada de “absolutamente amoral”, con escenas “de crudo realismo, una de ellas pornográfica”. Yo aún le doy vueltas a cuál se refiere; porque lo más ‘porno’ que veo es el torso de George Peppard, y ya me contareis. ¿Qué habría dicho el censor si hubiera sabido que la película es mucho más ‘light’ que el libro original de Truman Capote?
Definitivamente, la censura era y es una enfermedad. Cómo explicar si no que Tarzán fuera considerado un héroe gay que desviaba “la atención de los hombres a la sexualidad femenina, dañando psíquicamente a los adolescentes poco diferenciados”. O que Drácula era una obra “para deficientes mentales”. Y eso sin contar los films censurados por atentar contra la doctrina católica, como La hora final (Stanley Kramer, 1959): “Los personajes, al saber que van a morir por causas irremediables (…) deciden suicidarse colectivamente sin entrar en condiciones morales o religiosas y entregándose a la borrachera y al amor libre en vez de rezar y encomendar sus almas a Dios.” Ahí queda eso.
Lo triste del caso es que hoy en día la censura sigue existiendo. Para muestra, un botón.
Vía | Público (gracias, Nu)
Nov
El bólido de Fred Astaire
Hace unos minutos Lewis Hamilton se ha proclamado campeón de esa cosa llamada Fórmula 1 a la que algunos califican como “deporte” (y otros incluso aseguran que es emocionante). Más allá de si el británico merecía el título o no, de si Alonso es el mejor piloto aunque vaya con un Simca 1000, el caso es que haciendo memoria sobre películas clásicas en las que salieran carreras de bólidos, me ha venido a la mente esta escena de La hora final (1959), un curioso film de Stanley Kramer donde la humanidad se ve irremisiblemente abocada a la extinción. Fred Astaire, en su primer papel alejado de los musicales, encarna a un científico con sentimiento de culpa que ahoga sus penas quemando gasolina a toda castaña. Desde la grada, Gregory Peck, Ava Gardner y Anthony Perkins sufren con él.






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