Sep
‘Ríe, payaso, ríe’ (1928)
La primera vez que vi el póster de Ríe, payaso, ríe pensé que se trataba de una película de terror; supongo que influyeron tanto mi leve coulrofobia como el grotesco disfraz que llevaba Lon Chaney. Pero no es así. Ríe, payaso, ríe es un drama en el que se narra la triste paradoja del ‘clown’: incluso en sus peores momentos debe salir al escenario, realizar equilibrios imposibles, caerse de forma escandalosa y nunca, jamás, perder la sonrisa.
Chaney, famoso por sus siniestros pero entrañables personajes de El jorobado de Notre Dame (1923) y El fantasma de la ópera (1925), no tiene que ocultar esta vez ningún defecto físico a la sociedad. Peor aún: tiene que ocultar su tristeza. Hace años adoptó a una niña abandonada a la que bautizó como Simonetta. Ahora esa niña ha crecido y se ha convertido en la mujer de la que está enamorado. Y no es el único pretendiente: el conde Luigi Ravelli (Nils Asther) también va tras los pasos de Simonetta (Loretta Young). El payaso llora su desgracia en silencio, angustiado por un amor casi incestuoso del que no sabe si es correspondido y temeroso ante la posibilidad de que el joven Luigi hunda su vida para siempre.
Mientras tanto, el público le vitorea y le obliga a saludar una, dos, tres veces. “Ríe, payaso, ríe… Aunque tu corazón se rompa”.



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