may
‘Un día en Nueva York’ (1949)
Aunque el cine musical se producía en Hollywood con cierto éxito desde principios de los años 30, con la implantación del sonido, se puede afirmar sin riesgo a equivocarse que ‘Un día en Nueva York’ fue el que abrió la época dorada de este género tan incomprendido en la actualidad. Una época que duraría hasta finales de los 60 y en la que el director de esta película, Stanley Donen, y dos de los protagonistas, Gene Kelly y Frank Sinatra, tendrían mucho que decir.
Antes de ‘Un día en Nueva York’, todos los musicales se rodaban en los estudios. La falta de presupuesto, dada la complejidad de este tipo de rodajes, obligaba a todos los directores a apañárselas sin exteriores. Pero esta vez fue diferente.
El productor Arthur Freed leyó el guión de la obra que se representaba en Broadway, compró los derechos y persuadió al jefazo de la MGM, Louis B. Mayer, para rodarla allí donde realmente tenía lugar: en la Gran Manzana. Estaba convencido de que la inversión (más de dos millones de dólares) valdría la pena… y no se equivocó. Mayer recuperó el doble de lo invertido. De hecho, en aquel momento fue la segunda película más taquillera de la historia de la MGM, por detrás de ‘Cita en St. Louis’ (Vincente Minnelli, 1944).
‘Un día en Nueva York’ no es el mejor musical de su tiempo; pronto surgieron obras de mayor calidad y que han aguantado mejor el paso de los años, como ‘Cantando bajo la lluvia’ o ‘Un americano en París’. Pero merece una consideración especial por lo que tiene de pionera y por la increíble vitalidad que desprenden sus fotogramas… amén de estar rodada en una ciudad que es un plató de cine en sí misma.
feb
Kathryn Grayson ha muerto
Nueva estrella del cine clásico de la que nos tenemos que despedir: Kathryn Grayson. Ha fallecido a los 88 años en Los Ángeles por causas naturales, según informa la prensa estadounidense. Fue un rostro habitual en los musicales de la Metro en los años cuarenta y cincuenta. Es momento de que en Plumas de Caballo le rindamos un pequeño homenaje en forma de post.
El sueño de Zelma Kathryn Elisabeth Hedrick era ser cantante de ópera. Y la verdad es que tenía unas cuerdas vocales fabulosas. Por eso, cuando tenía 15 años, sus padres aceptaron mudarse con ella de Carolina del Norte a Los Ángeles, con la esperanza de hallar el camino al éxito. Pero es poco probable que Kathryn adivinara lo que iba a suceder: triunfaría, sí, pero no en los grandes teatros de ópera, sino en las pantallas de cine de Hollywood.
En 1941, un caza talentos de la Metro la escuchó por casualidad en la radio y se dijo que tenía una voz perfecta para el cine musical. Kathryn recibió una oferta para unirse a la productora de Louis B. Mayer y la aceptó de inmediato. El problema es que con esa firma perdió casi todas las opciones de dedicarse a la ópera; cuando le ofrecieron cantar en el Metropolitan, el señor Mayer en persona se lo prohibió para no dañar su imagen de actriz. El motivo puede parecer poco convincente, pero la verdad es que en aquella época eran los grandes estudios quienes tenían la sartén por el mango.
El mismo año que dio el salto al cine, Kathryn se casó con un actor bastante discreto llamado John Shelton, del que se divorciaría en 1946. Para entonces, Kathryn ya había rodado su primer gran éxito como actriz: el musical ‘Levando anclas’, donde compartió luminarias con dos pesos pesados del género como Frank Sinatra y Gene Kelly. En 1947 se casó por segunda y última vez, ahora con un barítono de clubes nocturnos -Johnny Johnston- con el que sólo duró cuatro años pero el cual le dio a su única hija.
ene
Centenario de Luise Rainer
“Gané el Oscar por mi segunda y mi tercera película. No pudo ocurrirme nada peor. El Oscar no es una maldición, pero una vez que lo ganas, la gente cree que puedes hacer cualquier cosa.”
Luise Rainer cumplirá 100 años este martes, 12 de enero. Por si os queda la duda: sí, está viva. Posee un lujoso apartamento en Londres -ex propiedad de Vivien Leigh- decorado con alfombras persas, una criada filipina y fotos en blanco y negro. Y recuerdos, muchos recuerdos. Rainer apenas estuvo cinco años en Hollywood, pero le dio tiempo a batir varios récords: fue la primera actriz alemana que ganó el Oscar y la primera que lo consiguió en dos años consecutivos, un hito que solo Katharine Hepburn ha sido capaz de igualar.
Como en los últimos 65 años solo ha rodado una película, suponemos que serán pocos quienes se acuerden de ella. En Plumas de Caballo vamos a compensarlo dedicándole dos posts: uno para celebrar su centenario y otro, dentro de unos días, para repasar su primer gran éxito en Estados Unidos.
Nos trasladamos a Düsseldorf, año 1910. Luise Rainer nace en el seno de una próspera familia judía y se interesa muy pronto por la interpretación. Es el mítico director teatral Max Reinhardt quien la lanza al estrellato, incorporándola a su compañía y popularizando su nombre tanto en Berlín como en Viena. Rainer encajaba a la perfección con el estilo expresionista que propugnaba Reinhardt; su belleza de porcelana y su voz de soprano hacían el resto. Incluso llega a rodar tres peliculitas a principios de los años treinta.
La llegada de Hitler al poder y el clima antisemita que se propaga por la nación la empujan a aceptar una oferta que le había hecho un caza talentos de Hollywood en nombre de Louis B. Mayer. Rainer cruza el charco en 1935 con inmejorables referencias; hay quien la señala como la nueva Greta Garbo. Dos años después, pocos se atreverán a calificar de exagerada esta afirmación, aunque solo sea por el éxito comercial. El actor William Powell le ayuda con el inglés y con las técnicas de interpretación que se usan en Hollywood, aunque en este sentido Rainer mantuvo buena parte del estilo Reinhardt.















