Ene
‘El gran Ziegfeld’ (1936)
Hace solo unos días, cuando le dedicamos un post a Luise Rainer por su centenario, dijimos que en breve repasaríamos una de las dos películas que la llevaron al Oscar. La elegida es ‘El gran Ziegfeld’, un biopic pomposo, excesivo y recargado sobre uno de los productores más importantes de Broadway en los años diez y veinte del siglo pasado; un personaje que muy probablemente compartía los adjetivos con los que nos hemos referido a la película. Por su parte, Rainer interpretó a Anna Held, la mujer que impulsó la carrera de Ziegfeld con la fuerza de sus cuerdas vocales.
Rodar ‘El gran Ziegfeld’ costó muchísimo dinero; tanto que, la Universal, propietaria de los derechos, tuvo que vendérselos a la Metro-Goldwyn-Mayer al no poder hacer frente a los gastos. Se estima que el presupuesto final superó los dos millones de dólares, cantidad enorme para aquella época, prácticamente lo mismo que costó rodar ‘El mago de Oz’ tres años después. No hay duda de que gran parte del dinero fue a parar a los bolsillos del actor protagonista, William Powell, pero el mayor derroche se lo llevaron los números musicales con los que se abrillantó la película. Uno de ellos, ‘A pretty girl is like a melody’, costó 200.000 dólares, bastante más de lo que necesitaba el señor Ziegfeld para producir alguno de sus éxitos teatrales.
Florenz Ziegfeld -que se llamaba igual que su padre y por eso utilizaba el ‘Jr.’ al final de su nombre en los carteles que anunciaban los espectáculos- fue el típico empresario ‘yankee’: emprendedor, ambicioso, optimista por naturaleza, cien por cien pragmático, capaz de dejar los escrúpulos bajo la alfombra para recobrar el equilibrio de su imperio. Procedía de una familia alemana de buena reputación que se había instalado en Chicago hacia 1860; el padre fundó una prestigiosa escuela de música que aún hoy sigue abierta. Pero el joven Ziegfeld quería llegar a ser alguien importante de verdad, tener fama, dinero y mujeres. Y empezó su camino aprovechando la Exposición Universal que acogió Chicago en 1893. Allí presentó a Eugen Sandow, padre del culturismo moderno, como “el hombre más fuerte del mundo”.
Ene
Centenario de Luise Rainer
“Gané el Oscar por mi segunda y mi tercera película. No pudo ocurrirme nada peor. El Oscar no es una maldición, pero una vez que lo ganas, la gente cree que puedes hacer cualquier cosa.”
Luise Rainer cumplirá 100 años este martes, 12 de enero. Por si os queda la duda: sí, está viva. Posee un lujoso apartamento en Londres -ex propiedad de Vivien Leigh- decorado con alfombras persas, una criada filipina y fotos en blanco y negro. Y recuerdos, muchos recuerdos. Rainer apenas estuvo cinco años en Hollywood, pero le dio tiempo a batir varios récords: fue la primera actriz alemana que ganó el Oscar y la primera que lo consiguió en dos años consecutivos, un hito que solo Katharine Hepburn ha sido capaz de igualar.
Como en los últimos 65 años solo ha rodado una película, suponemos que serán pocos quienes se acuerden de ella. En Plumas de Caballo vamos a compensarlo dedicándole dos posts: uno para celebrar su centenario y otro, dentro de unos días, para repasar su primer gran éxito en Estados Unidos.
Nos trasladamos a Düsseldorf, año 1910. Luise Rainer nace en el seno de una próspera familia judía y se interesa muy pronto por la interpretación. Es el mítico director teatral Max Reinhardt quien la lanza al estrellato, incorporándola a su compañía y popularizando su nombre tanto en Berlín como en Viena. Rainer encajaba a la perfección con el estilo expresionista que propugnaba Reinhardt; su belleza de porcelana y su voz de soprano hacían el resto. Incluso llega a rodar tres peliculitas a principios de los años treinta.
La llegada de Hitler al poder y el clima antisemita que se propaga por la nación la empujan a aceptar una oferta que le había hecho un caza talentos de Hollywood en nombre de Louis B. Mayer. Rainer cruza el charco en 1935 con inmejorables referencias; hay quien la señala como la nueva Greta Garbo. Dos años después, pocos se atreverán a calificar de exagerada esta afirmación, aunque solo sea por el éxito comercial. El actor William Powell le ayuda con el inglés y con las técnicas de interpretación que se usan en Hollywood, aunque en este sentido Rainer mantuvo buena parte del estilo Reinhardt.




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