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¿Cuántos munchkins quedan vivos?
En algún momento de este vídeo aparece Mickey Carroll, uno de los munchkins que acompaña a Judy Garland durante los primeros metros del camino de baldosas amarillas en El mago de Oz. Las fuentes no se ponen de acuerdo: algunas dicen que es uno de los munchkins que se dirige a Dorothy con la frase “Follow the yellow brick road!” Otras aseguran que es el único munchkin que toca el violín, pero yo aquí no veo ningún violín (aunque sí lo oigo). Da igual. El caso es que Mickey Carroll salía en este film y que murió la semana pasada en Crestwood, Missouri, a los 89 años.
Nacido en San Luis el 8 de julio de 1919 bajo el nombre de Michael Finocchiaro -no en vano era hijo de inmigrantes italianos y, atención, ahijado del Al Capone- Carroll nunca creció más de 1,40 metros. Desde pequeño quedó fascinado por la gente que actuaba en plena calle y, con la ayuda de su hermano, consiguió trabajo tanto en los garitos de su mafioso padrino como en los picantes shows de Mae West. Poco antes de que empezara el rodaje de El mago de Oz conoció a Judy Garland y su amistad con ella le valió entrar la película.
Y consiguió la fama. O al menos más fama que los otros munchkins. Intervino en programas de radio junto a George Burns, Jack Benny o Al Jolson y fue animador de las campañas de Franklin D. Roosevelt y Harry S. Truman a la presidencia de los Estados Unidos. En los setenta bajó el ritmo de sus apariciones públicas y se dedicó al negocio familiar: fabricación de lápidas funerarias. Dicen que era un hombre altruista, solidario, de gran corazón. Y en noviembre de 2007 recibió una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood junto a los otros seis munchkins que quedaban con vida. ¿Cuántos quedarán ahora que se ha ido él?
Vía | El País
Web oficial | Mickey Carroll
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Mae West quería ir a la cárcel
El 19 de abril de 1927, Mae West fue arrestada por exhibicionismo público. La provocativa actriz neoyorquina fue acusada de “corromper la moral de la juventud” y se le impuso una condena de diez días de cárcel, de los que sólo cumplió ocho por buen comportamiento. En ese periodo cenó con el director de la prisión y su esposa y declaró a la prensa que seguía llevando ropa interior de seda, así que todos tranquilos.
Pero hay una duda que ha permanecido siempre en el aire: una estrella de Broadway como West, ¿por qué no pagó la multa y regresó a casa taconeando a paso ligero? La biógrafa Charlotte Chandler arroja luz al respecto en un libro que acaba de publicarse bajo el título de She always knew how. Y el motivo es que Mae realmente quería pasar un tiempo entre rejas para saber qué se sentía; una especie de trabajo de campo. Por lo tanto, su fechoría habría sido premeditada.
Chandler cita a West en estos términos: “Me dijeron que si pagaba la fianza podría salir de la cárcel, pero decidí que sería más interesante cumplir la condena. Siempre me fascinaron las prisiones y las instituciones psiquiátricas… ¡No iba a privarme de la experiencia! Fueron diez días muy valiosos, me los tomé como unas vacaciones de trabajo.”
Pasado el incidente, regresó al teatro; y pocos años después dio el salto al cine para poner en aprietos a un tal Cary Grant. Pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.
Vía | IMDb













