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‘Retorno al pasado’ (1947)
Aunque para muchos la cara de Robert Mitchum decía más bien poco y se le solía criticar por su escasa gestualidad, en realidad estaba llena de matices y resultaba perfecta para dos tipos de personajes: aquellos a los que les importaba un comino lo que tuvieras que decirles y aquellos que parecían condenados de antemano a un funesto final. En este segundo grupo se encuadra el rol que encarnó en Retorno al pasado (1947), una película absolutamente infravalorada dirigida por Jacques Tourner que, pasados los años, ha sido reconocida como lo que es: una de las cumbres del cine negro americano. Pero, ¿por qué? He aquí los motivos:
1. Por un guión elaborado que no deja cabos sueltos. El autor de la novela original, Daniel Mainwaring, fue también quien escribió la mayor parte del guión. La historia es compleja, incluye un largo flashback y puede ser complicada de seguir durante los primeros minutos, como ocurre con muchos films ‘noir’ de la época. Pero, poco a poco, todo va encajando como si fuera un perfecto rompecabezas, al que no le sobra ni le falta ninguna pieza. Todos (y digo bien, todos) los personajes que aparecen en Retorno al pasado juegan un papel decisivo en el desarrollo de la trama, aunque a veces puedan confundirnos como los McGuffin de Hitchcock. Se dice que Humphrey Bogart luchó por estar en el film, pero la Warner lo desestimó en beneficio de la RKO.
2. Por su inteligente uso de la fotografía. Todo el mérito para el italiano Nicholas Musuraca, que ideó un juego de luces y sombras tan atractivo que llega a formar parte del guión, representando, incluso, los estados de ánimo y la psicología de los protagonistas. Así, en una escena en la que Mitchum explica a su novia por qué le amarga tanto el pasado, él está en una penumbra fantasmal mientras ella, símbolo de la pureza y la honradez que ansía Mitchum, está bañada por una luz tan potente que casi la calificaríamos de celestial. Otro ejemplo sería la escena en que Mitchum besa a Jane Greer; el sol del amanecer se refleja en el mar y crea una atmósfera de ensueño que es una metáfora de su enamoramiento.












