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11
ago

Centenarios de Robert Taylor, Lucille Ball y Nicholas Ray

Robert Taylor, Lucille Ball y Nicholas Ray

Las tan ansiadas –y, por qué no decirlo: merecidas– vacaciones de verano nos han impedido comentar tres centenarios de estrellas del cine clásico que se celebraron, consecutivamente, el 5, el 6 y el 7 de agosto. Así que antes de entrar en otros menesteres, vamos a hacer justicia con los siguientes homenajeados; para que, desde allá arriba, sepan que Plumas de Caballo no se olvida de ellos. Y seguro que vosotros, fieles lectores de este blog, tampoco…

Robert Taylor (5 de agosto): Actor con apodos tan dispares como ‘El hombre con el perfil perfecto’, ‘Arly’, ‘Bob’ o ‘El nuevo rey’, Robert Taylor nació en Filley, Nebraska, en 1911. Era tan versátil que en su filmografía podemos encontrar musicales románticos, westerns, películas bélicas y cine histórico casi a partes iguales. Supo abrirse camino desde la humildad, siendo descubierto en Broadway por la MGM, y al llegar a la cima contrajo matrimonio nada menos que con Barbara Stanwyck. Nunca fue nominado a ningún premio importante, pero su rostro tuvo momentos destacables en ‘Melodías de Broadway’ (1935), ‘Caravana de mujeres’ (1951), ‘Quo Vadis’ (1951), ‘Ivanhoe’ (1952)… Se negó a fomentar la caza de brujas y falleció joven, a los 57 años, porque su adicción al tabaco le provocó un cáncer de pulmón.

Lucille Ball (6 de agosto): Sí, salió en películas clásicas de serie B durante los años 40, pero a Lucille Ball se la recuerda sobre todo porque fue una pionera de la televisión. Los programas que la encumbraron fueron ‘I love Lucy’, ‘The Lucy-Desi Comedy Hour’, ‘The Lucy Show’, ‘Here’s Lucy’ y ‘Life with Lucy’. Fue nominada la friolera de 17 veces a los premios Grammy y lo ganó en cuatro ocasiones, y los espectadores estadounidenses la vieron sin descanso desde 1951 hasta 1974. Para los que prefiráis quedaros con su faceta cinematográfica, os recomendamos ‘El hotel de los líos’ (1938), ‘Envuelto en la sombra’ (1946) o ‘Un remolque larguísimo’ (1953). Estuvo casada dos veces y murió en 1989 a la edad de 77 años.

Nicholas Ray (7 de agosto): Director personalísimo, una de las mentes más atormentadas que tuvo Hollywood en los años 50 y, también, de las de mayor creatividad. Empezó a dirigir películas en 1948, dotando a sus personajes de comportamientos que rompían el molde del clasicismo, que sufrían en sus carnes los traumas psicológicos familiares, traumas que él mismo padeció al ser hijo de un padre alcohólico. De ahí, de todo ese dolor, nacieron ‘Johnny Guitar’ (1954), ‘Rebelde sin causa’ (1955), ‘Los dientes del diablo’ (1959), ‘Rey de reyes’ (1961) o ’55 días en Pekín’ (1963). Era bisexual, se hizo adicto a las anfetaminas y estuvo casado con otra alma perdida: la sensual Gloria Grahame. Murió de un cáncer de pulmón el 16 de junio de 1979 en Nueva York.

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6
ago

‘Nacida para el mal’ (1950)

Nacida para el mal

Cuatro años tardó la RKO en sacar adelante el rodaje de ‘Nacida para el mal’. En 1946 compró los derechos de la novela de Anne Parrish y adjudicó los roles protagonistas a Joan Fontaine, Henry Fonda, John Sutton y Marsha Hunt. Pero, poco después, el proyecto fue cancelado. Se recuperó en 1948 bajo el título de ‘Bed of Roses’, esta vez con Barbara Bel Geddes en el papel principal; sin embargo, Howard Hugues intercedió contra ella y prefirió esperar dos años más, hasta que Joan Fontaine volvió a quedar libre. El resultado fue una película con buenas interpretaciones, algunas escenas meritorias y una pulcra dirección de Nicholas Ray pero, a su vez, con una evidente falta de intensidad dramática y con una crispante indefinición general.

Asumiendo un poco el papel de la lagarta Anne Baxter en ‘Eva al desnudo’, Joan Fontaine da vida a Christabel Caine, una joven que ha crecido agarrada a las faldas de su tía Clara (Virginia Farmer) tras quedarse huérfana. Es una criatura hermosa y dulce para todo el mundo. Por ello, su prima Donna (Joan Leslie) no ve ningún peligro en el hecho de que se mude a su casa mientras se adapta a su primer trabajo: taquígrafa de la editorial de su tío John (Harold Vermilyea). Pero la pícara sonrisa de Christabel no pasa desapercibida para el escritor Nick Bradley (Robert Ryan), el cual está convencido de que bajo esa apariencia angelical existe una mujer ambiciosa y egoísta que hará lo necesario por escalar hacia el éxito en menos que canta un gallo.

El plan de Christabel consiste en sembrar la semilla de la discordia entre Donna y su prometido, el millonario Curtis Carey (Zachary Scott). Con sus modales aniñados y su lengua afilada, Christabel se va metiendo en el bolsillo a Curtis mientras Donna se muestra cada vez más dudosa respecto a su próximo matrimonio. Nick, un hombre cínico y esnob, de los que siempre mira a los demás por encima del hombro, sabe cuál es la estrategia que está empleando esa víbora rubia… Pero no la delata porque está enamorado de ella y, además, Christabel parece corresponderle.


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17
jun

Venecia rendirá tributo a Nicholas Ray

Nicholas Ray

“Emocionalmente extravagantes”. Me han gustado las palabras que ha utilizado la periodista Patricia Cohen en las páginas de ‘The New York Times’ para definir las películas de Nicholas Ray. Es una buena manera de calificar títulos como ‘En un lugar solitario’ (1950), ‘Johnny Guitar’ (1954) o ‘Rebelde sin causa’ (1955), protagonizados por personajes pasionales, atormentados e inestables. En parte fue por eso que Jean-Luc Godard dijo una vez: “El cine es Nicholas Ray.”

La sentencia de Godard es sin duda una ’boutade’, pero es incuestionable que Ray es uno de los mejores directores de la historia del cine y que creó escuela (Wim Wenders figura entre sus alumnos aventajados). En 2011 se conmemora el centenario de su nacimiento y el Festival de Venecia ya se prepara para celebrarlo por todo lo alto, a pesar de que Ray nunca triunfó plenamente en la ciudad de los canales: se quedó con dos nominaciones al León de Oro por ‘Más poderoso que la vida’ (1956) y ‘Bitter Victory’ (1957).

Lo interesante es que la Biennale no se limitará a hacer la típica retrospectiva, proyectando las obras más representativas de su filmografía, sino que también presentará material inédito gracias a los esfuerzos de Susan Ray, cuarta esposa del director y viuda desde 1979. Por ejemplo, Susan guarda como oro en paño el primer borrador de ‘Rebelde sin causa’, que incluía un giro de tuerca final bastante increíble: en él, Plato (Sal Mineo) dispara a Jim (James Dean) y después se suicida abalanzándose sobre una granada que estaba a punto de estallar.

Pero seguramente lo que más llamará la atención de crítica y público será el estreno de una nueva versión de ‘We can’t go home again’, película en la que Ray centró gran parte de sus esfuerzos al final de su vida. “Fue un film experimental, difícil y visionario”, explica Susan. El director escribió varios guiones y rodó un sinfín de escenas con la ayuda de los alumnos de la State University de Nueva York (utilizando, además, varios formatos: 8 mm., 16 mm. y la embrionaria tecnología del vídeo). Hubo un primer estreno de la película en el Festival de Cannes, pero Ray hizo muchos cambios hasta su muerte. Todo ese material, que se conserva intacto, ha servido para realizar un nuevo montaje que verá la luz en septiembre de 2011.

Vía | The New York Times

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13
feb

‘Johnny Guitar’ (1954)

Johnny Guitar

Fue a principios de 1953 cuando Joan Crawford compró los derechos de la novela de Roy Chanslor ‘Johnny Guitar’. Sabía que en esas páginas había material de primera para rodar una película y que ella sería la protagonista perfecta. Con esta condición cedió los derechos a la Republic Pictures, que otorgó el papel de villana a Mercedes McCambridge; Crawford pataleó como protesta -ella prefería a la dócil Claire Trevor- pero tuvo que conformarse. Nicholas Ray fue elegido director y Sterling Hayden encarnó al hombre de la guitarra. El resultado fue un western atípico, con una trama tan enrevesada y oscura como la de un ‘film noir’ y algunas escenas y diálogos que son puro melodrama.

El excelente guión de Philip Yordan nos pone en situación con una larga y tensa primera secuencia en la que se van poniendo las cartas sobre la mesa, a menudo con insinuaciones y sutilezas muy bien trabajadas. Joan Crawford interpreta a Vienna, una mujer que, después de innumerables sacrificios -más adelante deja claro que ha tenido que abrir sus piernas a medio Far West para ganar el dinero que posee- ha conseguido abrir un casino en una zona desértica, a priori sin futuro alguno; pero Vienna sabe que en pocos meses llegará la vía del ferrocarril y que alrededor de su negocio florecerán miles de hogares. Mientras tanto, sus placeres son escuchar el sonido de la ruleta girando y olfatear los platos que prepara el viejo Tom (John Carradine) en la cocina.

Pero Vienna no es querida en estas tierras. Su presencia se ve como una amenaza para quienes ostentan el poder y, además, es acusada de colaborar con una banda que asalta diligencias cerca de la nueva ruta del ferrocarril. En su contra juega el hecho de que tuvo un romance con uno de los presuntos criminales, Dancin’ Kid (Scott Brady).

No hay pruebas concluyentes que la puedan enviar a la horca, pero tampoco tiene la seguridad de que no se las inventarán (¿otra alegoría de la caza de brujas?). Sabe que necesita protección y por eso se pone en contacto con un hombre recién salido de la cárcel, un tipo introvertido, de pocas palabras, alto como una torre y con una guitarra colgando de sus anchas espaldas. Aunque no lleva ningún arma, Vienna sabe de lo que es capaz. Ninguna mujer le ha conocido tan profundamente como ella.


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21
mar

‘Un secreto de mujer’ (1949)

Gloria Grahame

Nicholas Ray fue uno de los directores que estuvieron en la nómina de la RKO desde finales de los años cuarenta. Sus títulos más emblemáticos aún estaban por llegar, pero ya en la productora de Howard Hugues rodó buenas películas. No fue el caso de Un secreto de mujer, a la que dedicamos la siguiente crítica.

Las protagonistas son Marian (Maureen O’Hara) y Susan (Gloria Grahame). La primera fue una cantante de voz extraordinaria que contrajo laringitis durante una de sus actuaciones y jamás volvió a recuperarse. Para superar el trance, aceptó pulir el diamante en bruto que era la joven Susan, hasta convertirla en la famosa Estrellita. El acompañante de ambas es un cínico pianista llamado Luke Jordan (Melvyn Douglas). Sinopsis que, de lejos, muy de lejos, recuerda a la Eva que aún estaba por desnudarse.

En la primera escena del film, Susan llega disgustada tras una rutinaria actuación radiofónica, se pelea con Marian y se encierra en su habitación. A los pocos minutos, Marian entra en el cuarto y cierra la puerta. Nicholas Ray no deja que veamos nada más. Volvemos al comedor, donde la criada limpia el polvo con total despreocupación. Silencio absoluto. Y de repente, un disparo. La criada sube las escaleras, abre la puerta y ve a Susan tendida en el suelo, con una bala cerca del corazón. Marian ya está llamando a la policía para confesarse. Pero Luke, que llega poco después, está convencido de su inocencia.


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