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‘La última película’ (1971)
En su libro de entrevistas y curiosidades sobre las estrellas del cine clásico, Peter Bogdanovich escribe que, la noche en que perdió el premio al Mejor Director de los Directors Guild of America, Jack Lemmon pasó a su lado tras la ceremonia y le susurró: “¡Menuda mierda! Has hecho la mejor película de los últimos veinte años.” El premio fue para los directores de ‘The French Connection’, que también dejaron con las ganas a Bogdanovich en los Oscars, donde Lemmon volvió a dedicarle un gesto de solidaridad.
Es difícil corroborar la autenticidad de la anécdota, pero desde luego que ‘La última película’ habría sido una justa vencedora en ambas ceremonias, así que personalmente perdonaría a Bogdanovich si se la hubiera inventado: todo queda compensado por las dos horas de ensoñación en las que te sumerges al apretar el play del DVD.
El primer gran protagonista de ‘La última película’ es Anarene, un minúsculo pueblo de Texas que languidece a principios de los años cincuenta, poco antes de que Estados Unidos entre en guerra con Corea. Hace muchos años que se apagó el esplendor de Anarene, donde apenas viven ya un puñado de vecinos diseminados en casas de una planta con garajes adosados.
El polvo se acumula en las aceras a pesar de los esfuerzos de Billy, el niño sordomudo; los surtidores de la Texaco penden inertes y secos; el billar de Sam (Ben Johnson) se acerca poco a poco a la ruina; en la cafetería, casi nadie pide ya las hamburguesas con queso de Genevieve (Eileen Brennan); el equipo de baloncesto es una calamidad y bate récords negativos jornada tras jornada; y, finalmente, el cine, ese lugar en el que evadirse junto a los gigantes de la pantalla o en el que meter la mano en el escote de tu chica, malvive cobrando las entradas a mitad de precio y reestrenando westerns de John Wayne.
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‘Las estrellas de Hollywood por Peter Bogdanovich’
Peter Bogdanovich es un actor, guionista, productor y director de cine que rozó el Oscar en 1971 con La última película, un drama basado en la novela de Larry McMurtry que protagonizaron Timothy Bottoms, Jeff Bridges, Cybill Shepherd, Ben Johnson, Cloris Leachman y Ellen Burstyn. En otras ocasiones ha tenido la fortuna de dirigir a Barbra Streisand (¿Qué me pasa, doctor?, 1972), Audrey Hepburn y Ben Gazzara (Todos rieron, 1981) o Carol Burnett y Michael Caine (¡Qué ruina de función!, 1992). Recientemente le hemos visto encarnar al doctor Elliot Kupferberg en 15 episodios de Los Soprano.
Pero, además, Peter Bogdanovich es un mitómano… Y un cotilla. Nacido en 1939, llegó a Hollywood justo cuando el sistema de estudios empezaba a resquebrajarse. Asistió al relevo que las hornadas del Actor’s Studio dieron a los intépretes clásicos y se entrevistó y forjó amistades con unos y con otros. Como si de un fan cualquiera se tratara, recopiló autógrafos, fotos, grabaciones, charlas a la hora del té y copas a altas horas de la noche. Y de vez en cuando nos obsequia con esas experiencias a través de libros y documentales. De ahí lo de cotilla… Pero bendito cotilla.
Las estrellas de Hollywood por Peter Bogdanovich ofrece una visión amable, sesgada y a menudo presuntuosa sobre los contactos que el director mantuvo con actores y actrices del periodo clásico, desde Lillian Gish hasta John Wayne, pasando por Jack Lemmon, Dean Martin, Sal Mineo o Marilyn Monroe. Bogdanovich no duda en tirarse flores de vez en cuando y nos pone los dientes largos cada dos párrafos. Pero es eso lo que esperamos encontrar: detalles íntimos de las estrellas que, sin caer en el mal gusto, nos ayuden a comprender que eran de carne y hueso. Y es eso lo que hace al libro tan adictivo.













