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oct

La ‘mafia’ irlandesa de Hollywood

James Cagney en Al rojo vivo

Irlanda fue uno de los países extranjeros con mayor representación en el Hollywood clásico y es probable que ocupara el número 1 del ránking en términos proporcionales. El origen de este hecho radica en la hambruna de la patata de mediados del siglo XIX, que obligó a millones de irlandeses a cruzar el Atlántico para sobrevivir. La mayoría fue a parar a los peores barrios de Nueva York, Boston o Chicago; en poco tiempo engordaron los índices de criminalidad, lo que les hizo ganarse una mala fama que contrastaba con su perserverancia para salir a flote bajo cualquier circunstancia. Las actividades de la mafia, especialmente durante la Prohibición, contribuyeron a modelar la imagen camorrista y embustera de este pueblo que, sin embargo, jugó un papel crucial en el desarrollo de los Estados Unidos.

En los años treinta, muchos actores y directores afincados en Hollywood tenían en sus venas sangre irlandesa, aunque como es lógico la mayoría habían nacido en Estados Unidos. Entre ellos se encontraban Frank McHugh, Pat O’Brien, Lou Calhern, Jimmy Gleason y los dos más importantes: Spencer Tracy y James Cagney. Era un grupo de actores que sentía orgullo por su origen irlandés y que por ese motivo tenían una afinidad especial. Se reunían una vez por semana, comían juntos, tomaban unas copas y despotricaban contra la industria del cine.

Nada que objetar hasta que al columnista Sidney Skolsky -que había sido el primero en llamar Oscar a un premio de la Academia- le dio por escribir que esas reuniones eran propias de la mafia irlandesa. Según Skolsky, aquellos hombres conspiraban contra los grandes estudios y se aseguraban buenos contratos gracias a su poder de influencia, actuando como un ‘lobby’ implacable. Pero la realidad era bien distinta y mucho menos atractiva.


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