sep
‘Desayuno con diamantes’ (1961)
Dentro de poco se cumplirán 50 años del estreno de ‘Desayuno con diamantes’. Para muchos es la comedia romántica por antonomasia, aunque tenga más sabor amargo que dulce. Se vio por primera vez el 5 de octubre de 1961 en Nueva York y llegó a España, censura mediante, el 12 de noviembre de 1963. Desde entonces ha enamorado a millones de espectadores en todo el mundo, rendidos la perfecta y triste belleza de Audrey Hepburn, alias Holly Golightly.
El motivo por el que llegamos a una película clásica en concreto puede ser diverso: porque nos gusta la protagonista, porque nos han hablado bien de ella, porque la hemos pillado en la tele, porque me han regalado el DVD… En mi caso –no me avergüenza reconocerlo– llegué a ‘Desayuno con diamantes’ porque salía George Peppard. Así de claro. Yo era un fan acérrimo de ‘El equipo A’ y quería saber qué había hecho el coronel Hannibal Smith antes de tener el pelo blanco. Y, claro está, lo primero que encontré fue ‘Desayuno con diamantes’. Fue también el primer film que vi de Audrey Hepburn.
Como es sabido, la historia original fue escrita por Truman Capote en un librito que casi todos reconocemos más crudo y veraz que su adaptación cinematográfica. La Holly Golightly del libro tenía tendencias bisexuales, fumaba hierba, había ejercido la prostitución y había sufrido un aborto. Explicarlo tenía un pase; pero adaptarlo a la gran pantalla para que todos lo viesen, era demasiado. Por eso la mayoría de estos episodios oscuros son silenciados o referenciados muy a la ligera.
Sin embargo, eso no indica que estemos ante una película blanda o maniquea. Al contrario, se trata de un precioso romance noir en el que acumularemos más lágrimas que sonrisas. Y ahí se nota la mano del maestro Blake Edwards.
oct
‘Suspense’ (1961)
Esta noche es Halloween, así que vamos a haceros una pequeña recomendación por si os vais a quedar en casa viendo la tele en lugar de salir a la calle disfrazados; una gran película que dirigió Jack Clayton en 1961 bajo el título original de The innocents, basada en una novela de Henry James, con guión adaptado de Truman Capote y con la señora Deborah Kerr al frente del reparto. Por supuesto no es un film de terror al uso, sino más bien de intriga o de suspense, como le gustó decir al traductor español, y está lleno de sutilezas que sí, dan miedo, sobre todo cuando el puzzle encaja su última pieza.
El inicio de la película ya reclama toda nuestra atención. Antes incluso de que salga el logo de la Fox, se proyectan 45 segundos en negro acompañados por una melodía infantil que suena tenebrosa. Poco a poco el negro se va difuminando y aparecen los títulos de crédito, pero nuestros ojos se van a la izquierda de la pantalla, porque allí están las manos suplicantes de Mrs. Kerr, orando, rezando por los inocentes. Fundido en negro. Arranca la historia.
Nos trasladamos al despacho de un aristócrata inglés del siglo XIX que busca a una institutriz que se haga cargo de sus sobrinos huérfanos. Él está muy ocupado con la vida pública y no quiere saber nada de ellos. Los niños viven en el campo, en una impresionante mansión rodeada de bosque, con la única compañía de la criada, la cocinera y el jardinero. La señora Giddens (Kerr) se presenta como candidata para la oferta de trabajo y se hace con el puesto. Inmediatamente, se traslada a la mansión y conoce a los encantadores mocosos Flora y Miles (Pamela Franklin y Martin Stephens).













