ago
‘Caravana de mujeres’ (1951)
Aproximadamente en el primer tercio del siglo XIX, un pionero estadounidense llamado Roy E. Whitman (John McIntire) llegó hasta la inhóspita California y se asentó en un valle desértico por el que nadie daba un centavo. A él no le importó. Se lo quedó. Construyó canalizaciones para recoger el agua de la lluvia, compró reses para engordarlas, matarlas y servirlas en forma de bistec, y convirtió una tierra áspera y muerta en un pueblo próspero y apacible. Sólo hubo un detalle que el entusiasta señor Whitman no tuvo en cuenta: que para garantizar el futuro del pueblo tenía que haber mujeres. Y llegado el año 1851… allí no había ni una.
Para sacar a su valle del último puesto del ranking de natalidad mundial, el señor Whitman decide organizar una expedición hasta Chicago, que por aquel entonces ya tenía más de 30.000 habitantes y donde residían mujeres de toda clase y condición. Él iría allí con toda la galantería que un avezado vaquero podía ofrecer y les propondría un trato: vengan a mi valle, señoritas, y podrán casarse, tener hijos, ser felices y huir de la miseria en la que se encuentran.
Para completar el largo trayecto hasta California –más de tres meses– el señor Whitman monta una caravana de diligencias liderada por el guía Buck Wyatt (Robert Taylor). La expedición parte de Chicago con 150 mujeres a bordo, entre las que hay viudas, prostitutas y embarazadas. Se les advierte de que muchas perecerán por el camino atacadas por los indios, aplastadas por los carruajes, despeñadas por los precipicios, muertas de sed o de frío, pisoteadas por manadas de búfalos y atormentadas por quién sabe cuántos otros peligros. Pero ellas dan un paso al frente, se meten la foto de su futuro esposo en el corpiño e inician la aventura.
Este sería un resumen muy ligero de la película de William A. Wellman ‘Caravana de mujeres’. Mis dos motivaciones a la hora de verla eran el director, porque me habían encantado tanto ‘Incidente en Ox-Bow’ como ‘Alas’, y el hecho de que dentro de unos días se cumple el centenario de Robert Taylor y quería ver algo más de su filmografía. Apasionado como soy del western, tengo que decir que ‘Caravana de mujeres’ no me disgustó, ni tampoco me aburrió; pero también que, desde el mismo momento en que apagué la pantalla, mi mente decidió que no valía la pena regresar a ella para que la memoria se deleitase. Se ve, sin más; se disfruta en algunas escenas (sobre todo en las más violentas, rodadas con ligerísima piedad) y se olvida con facilidad.
dic
Historia de los Oscars: 1929 (II)
MEJOR PRODUCCIÓN: ‘ALAS’, DE WILLIAM A. WELLMAN
Los Oscars de 1929 fueron los únicos en los que no hubo premio a la Mejor Película, a pesar de que dos films se llevaron la estatuilla: uno por su producción general y otro por su original sentido artístico. De todas formas, en la mayoría de libros de historia del cine se considera que la categoría de Mejor Producción sería la equivalente a la de Mejor Película, que se instauraría en la segunda edición; de ahí que haya consenso en afirmar que ‘Alas’ (de Paramount) fue la primera gran vencedora de los Oscars.
‘Alas’ pertenece a un género que se convertiría en referente para la Academia de Hollywood: el bélico. Y no tenía nada de modesta. Lógicamente era muda, pero su presupuesto superó los dos millones de dólares y tampoco fue escasa de metraje: 138 minutos. Se rodó casi por completo en Texas, pero gran parte de la historia se desarrollaba en Francia… y en el cielo. Tenía acción, drama, algunas gotas de humor y un romance al cuadrado; todo ello en el trágico marco de la Primera Guerra Mundial.
La película está protagonizada por Charles Rogers y Richard Arlen, que interpretan a dos jóvenes aviadores ansiosos por ayudar a su país a ganar la guerra contra los alemanes: Jack Powell y David Armstrong. Después de unas duras sesiones prácticas, se incorporan al ejército y se convierten en referentes para sus compañeros; especialmente Jack, apodado ‘La estrella fugaz’. Pese a las diferencias con las que inician el camino, pues ambos anhelan el corazón de la misma chica (Jobyna Ralston), Jack y David forjan una amistad a prueba de bombas y se compenetran a la perfección a bordo de sus avionetas. Sin embargo, el peligro acecha en cada Cruz de Hierro que osa atacar a las líneas aliadas.
abr
‘Incidente en Ox-Bow’ (1943)
La historia ha demostrado que las leyendas del Lejano Oeste son, casi siempre, falsas. Un mito que el cine se empeñó en expandir durante la primera mitad del siglo XX, creando un género que dio lugar a grandiosas películas, sin que por ello se cimenten en una base real. Basta con revisar las estadísticas de muerte por arma de fuego en la época de los cowboys para comprobar que el Oeste de los Estados Unidos no era tan salvaje como lo pintaban.
Lo que sí estaba más a la orden del día, tanto en las polvorientas calles de Texas como en el corazón de Nueva York, eran los linchamientos. Al hablar de Furia, de Fritz Lang, ya dijimos que entre 1887 y 1936 se produjeron seis mil ataques contra individuos que presuntamente habían cometido un crimen, de los cuales apenas 800 terminaron en juicios contra la vengativa multitud.
Este viejo problema del ojo por ojo motivó al escritor Walter Van Tilburg Clark a publicar una novela titulada Incidente en Ox-Bow. En ella, un grupo de violentos vecinos persigue a los supuestos ladrones de una partida de ganado que, en su huída, habrían asesinado al dueño de las reses. Coroneles resentidos por la reciente Guerra Civil, vaqueros desocupados, mujeres dominantes y hombres pusilánimes emprenden una caza suicida por las frías montañas de Nevada, hasta que topan con tres individuos a los que reconocen inmediatamente como los criminales. Cualquier indicio de culpabilidad, sea o no contrastado, es utilizado en su contra. La cuestión es sentir el placer de tomarse la justicia por su mano.
mar
Viaja más allá del Missouri en DVD
La frontera es uno de los conceptos históricos de los Estados Unidos. Durante el siglo XIX significó una especie de barrera móvil que los americanos empujaban desde el este para llevarla lo más cerca posible del Pacífico. Las barreras naturales que encontraban por el camino y las encarnizadas luchas con los indios (genocidio, hablando en plata) dieron a la frontera un aura místico que perduró varias generaciones y que, por supuesto, ha sido plasmada en el cine en infinitas ocasiones.
De eso trata el estreno en DVD más destacado de la semana en curso: Más allá del Missouri (1951). Clark Gable encarna a Flint Mitchell, un aventurero que se adentra en los inexplorados territorios de Idaho y Montana y es capturado por los indios Pies Negros, capitaneados por Ironshirt (Ricardo Montalbán). La única posibilidad de supervivencia para Mitchell es casarse con Kamiah (María Elena Marqués), la hija del jefe de la tribu. Y hasta aquí podemos leer.
Sin duda es la presencia de Clark Gable lo que da algo de interés a un western de segunda categoría que fue dirigido por William A. Wellman por imposición del propio actor, al que le había gustado mucho Fuego en la nieve. El rodaje fue muy accidentado. Ricardo Montalbán se fracturó la columna y fue intervenido durante nueve horas y media; pudo seguir trabajando, pero le quedaron secuelas de por vida. Además, el hecho de rodar en Technicolor provocó la incomodidad del equipo técnico y de las pobres mulas que debían cargar con las pesadas cámaras.
En definitiva, un DVD apto sólo para incondicionales del western, de Gable o de Montalbán, al menos hasta que la Warner rebaje el precio (15 euros por unidad y ni un triste contenido extra). Del mismo nivel son otros títulos de estreno en formato doméstico como Dallas, ciudad fronteriza (1950), La última cacería (1956) o Una trompeta lejana (1964).
Vía | ZonaDVD
















