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‘Esplendor en la hierba’ (1961)
“Aunque mis ojos ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba; aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no hay que afligirse, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.”
Tan romántica como los versos de William Wordsworth es Esplendor en la hierba, una de las mejores películas -puede que la mejor- de Elia Kazan. Es la historia de un amor entre adolescentes que crecen bajo la estricta vigilancia de sus padres y no entienden por qué deben seguir una línea determinada cuando sus corazones les piden lo contrario. Esa confusión les atormenta hasta la locura y les hace estar en boca de la hipócrita sociedad de Kansas inmediatamente anterior al crack del 29. Es una película tan pasional como una obra de Shakespeare; no en vano llena la firma de William Inge, ganador del Pulitzer por Picnic y que, a la postre, también se llevaría el Oscar al mejor guión original.
Por un lado tenemos a los Loomis, una familia humilde compuesta por un padre apocado, una madre represiva y una sola hija, Deanie (Natalie Wood), que parece conforme con la austera educación que le han inculcado. Y por otro lado están los Stamper, nuevos ricos gracias a las acciones del petróleo, con un padre obsesionado por el éxito que ahoga las pretensiones de su mujer y de su hijo Bud (Warren Beatty), pero que no puede meter en cintura a su otra hija, Ginny, lo cual le carcome por dentro.
Deanie y Bud salen desde hace algún tiempo. Son una de las parejas más populares del instituto, sobre todo porque él es el capitán del equipo de fútbol americano. Están en el punto de mira y, además, empiezan a tener problemas por el sexo. Bud siente la necesidad de aliviarse con ella, alentado por su padre, que cree que así reafirmará su masculinidad y ahuyentará su imagen de chico introvertido. No es que Deanie no quiera corresponderle, pero se rige por las estrictas reglas de su madre, que divide el mundo en buenas y malas chicas: las que esperan hasta el matrimonio (y sólo con el objetivo de procrear) y las que no. Y Deanie no quiere defraudarla, ni mucho menos que los vecinos cuchicheen a sus espaldas.
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‘Picnic’ (1955)
Los que vayáis al cine normalmente habréis visto que, antes de los trailers, Coca-Cola emite un anuncio que empieza como un documental. Se nos dice que, en 1955, un grupo de científicos realizó un experimento de publicidad subliminal al insertar dos fotogramas de este mítico refresco en mitad de una película; dos imágenes que el ojo humano no podía captar, pero sí el cerebro. Por ello, el consumo de Coca-Cola subió ese día del 18 al 51 por ciento.
Tras una pequeña búsqueda por internet, no me ha quedado muy claro si ese experimento se llevó a cabo o fue una mera campaña de marketing de Coca-Cola. Pero sí he encontrado la película a la que hace referencia: Picnic (de hecho, en el anuncio hay un momento en el que se ve la entrada de un cine donde proyectan Nicpic).
Picnic es un melodrama que dio mucho que hablar en su día. Basado en una obra de William Inge (el mismo de Esplendor en la hierba), narra el ‘shock’ que supone para una puritana comunidad de mujeres de Kansas la llegada de Hal Carter (William Holden), un fornido y descamisado vagabundo que viaja en trenes de mercancías. Su llegada coincide con el picnic del Día del Trabajo, que incluye las típicas cestas de emparedados, bandas de música, concursos idiotas y la inevitable elección de la reina del baile.





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