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oct

‘Jezabel’ (1938)

Jezabel

A finales de 1933, el teatro Ethel Barrymore de Broadway acogió el estreno de un melodrama sureño titulado ‘Jezabel’. Fue un verdadero fracaso: sólo se hicieron 32 representaciones y fue cancelada al cabo de un mes. Por eso la Warner no tuvo muchos problemas para hacerse con los derechos de autor, que hasta entonces correspondían a Owen Davis, un dramaturgo estadounidense que había ganado el Pulitzer en 1923 con ‘Icebound’. En el proceso de conversión a película participaron tres guionistas: Clements Ripley, Abem Finkel y un joven John Huston, éste último por petición expresa del director, William Wyler. El presupuesto fue de 1,25 millones dólares.

En cuanto al reparto, durante muchos años ha circulado la leyenda de que Bette Davis se hizo con el papel protagonista como compensación por haber sido descartada para ser la Scarlett O’Hara de ‘Lo que el viento se llevó’. Una rápida consulta a las fechas de producción de ambas películas demuestra que el casting de ‘Lo que el viento se llevó’ empezó después de que finalizara el rodaje de ‘Jezabel’, así que la leyenda se queda en eso. Lo cierto es que cuesta mucho imaginar a otra actriz que hubiera clavado tan bien a su personaje, la egoísta y audaz Julie Marsden. A Bette Davis le iba como anillo al dedo encarnar a esta mujer frustrada por las estúpidas convenciones sociales de la aristocracia de Nueva Orleans y demasiado orgullosa como para pedir perdón. Su controlada afectación y su gran naturalidad hicieron que Julie Marsden se sumara, con el paso del tiempo, a su impresionante hoja de servicios… además de proporcionarle su segundo Oscar.

Para encontrar el significado de ‘Jezabel’ hay que remitirse a la Biblia: “Fue la mujer que hizo el mal ante los ojos de Dios”, como dice Belle, la tía de Julie (Fay Bainter en un papel con más profundidad de lo que parece pero que fue premiado con un exagerado Oscar a la Mejor Actriz de Reparto). Y aún habría otra resonancia bíblica en la localización y los años en que se desarrolla la historia, ya que la Nueva Orleans de mediados del siglo XIX tuvo su propia plaga: la fiebre amarilla. Gran parte de la población murió o fue desterrada por culpa de esta enfermedad, a su vez provocada por la insalubridad de las calles y la falta de higiene de sus habitantes. Unos cuantos vuelos de cámara bastan para que Wyler nos convenza de que aquella Nueva Orleans era un montón de mierda en sentido literal. Las moscas bien podrían ser los estirados miembros de la clase alta que huyen al campo cuando la fiebre se extiende por la zona urbana.


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30
jul

‘Psicosis’ y ‘Ben-Hur’, dicotomía cromática

Ben-Hur

Ya he perdido la cuenta de los reportajes, artículos de opinión, críticas y demás piezas periodísticas que se le han dedicado este año a ‘Psicosis’ y ‘Ben-Hur’ por el 50º aniversario de sus respectivos estrenos. En esta ocasión es el diario ‘El País’, a través de su suplemento veraniego ‘Tentaciones’, el que habla de estas dos películas clave del cine clásico, cada una a su estilo y prácticamente en polos opuestos en cuanto al diseño de producción se refiere.

El reportaje, firmado por Fátima Cruz, está salpicado por las breves intervenciones del director Vicente Aranda y del historiador Roman Gubern. Básicamente, pone el acento en el contraste cromático de ambas películas: mientras que ‘Psicosis’ era una pesadilla en blanco y negro, casi minimalista -la casa de Bates recuerda a los establos solitarios de ‘La noche del cazador’-, ‘Ben Hur’ es una aventura épica en un brillante Technicolor que pone a prueba la resistencia de nuestras retinas (es una broma, claro: si superamos las baldosas color amarillo canario de ‘El mago de Oz’, podemos hasta mirar directamente al sol).

Más contrastes: el presupuesto. ‘Psicosis’ se rodó con 800.000 dólares, ya que ninguna productora importante quiso hacerse cargo de una historia tan truculenta. En cambio, William Wyler disfrutó de los 15 millones de dólares que le otorgó la Metro-Goldwyn-Mayer para ‘Ben-Hur’, un dinero invertido en decorados colosales, trepidantes escenas de acción -¡esa carrera de cuadrigas!-, 50.000 extras y una estrella como Charlton Heston al frente del reparto. No es de extrañar que muchos fans de Wyler vieran en ‘Ben-Hur’ “una concesión a la comercialidad y una traición a su trayectoria”, como apunta Gubern.

Y un último contraste: lo más injusto de todo es que ‘Ben-Hur’ se hizo con 11 Oscars, mientras que ‘Psicosis’ perdió en las cuatro categorías a las que fue nominada (Hitchcock dobló la rodilla frente al Billy Wilder de ‘El apartamento’). Pero así es la Academia de Hollywood. Yo, aunque sean dos films antagónicos y que, por tanto, no pueden compararse, me llevaría ‘Psicosis’ a una isla desierta mucho antes que ‘Ben-Hur’. ¿Y vosotros?

Vía | El País (gracias, Nu)

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10
abr

‘Horizontes de grandeza’ (1958)

Horizontes de grandeza

Horizontes de grandeza fue uno de los pocos westerns que dirigió William Wyler en toda su carrera. Y como indican tanto su título español como el original -The big country-, lo rodó a lo grande:, con estrellas de primer nivel en el reparto, vistas espectaculares de la desértica Arizona, música épica y un alto componente dramático extraído de la novela de Donald Hamilton.

Como haría poco después en Matar a un ruiseñor, Gregory Peck encarna a un personaje pacifista por naturaleza. En esta ocasión es Jim McKay, un marinero que quiere asentarse definitivamente en tierra y formar una familia con la que vivir el resto de sus días. Siguiendo la pista de una chica con la que tuvo una aventura en Baltimore, Jim llega hasta un pequeño pueblo rural del Oeste para casarse con ella, Patricia Terrill (Carroll Baker).

La llegada de Jim es acogida de buen grado tanto por Julie como por su padre, el major Henry Terrill (Charles Bickford). Sin embargo, el forastero no sabe que su nueva familia está enfrentada a muerte con otra que vive exiliada a pocas millas de allí, comandada por el orondo Rufus Hannassey (Burl Ives) y su hijo Buck (Chuck Connors). Los Terrill presentan a los Hannassey como unos violentos vecinos a los que se debe exterminar, pero Jim se dará cuenta de que las razones de ambos bandos son estúpidas y será cada vez más reticente a casarse con la belicosa Patricia.


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